Mano dura en la selva

Como habíamos previsto, el régimen ha iniciado maniobras para eludir compromisos y reprimir en la Amazonía.

Por Diario La Primera | 15 jul 2009 |    

Eso explica por qué se ensaña con el líder nativo Santiago Manuin Valera, que sufrió ocho heridas de bala en la Curva del Diablo en Bagua, en la tragedia del 5 de junio.

Contra este hombre gravemente enfermo, que tiene el colon separado del cuerpo, el gobierno ha ordenado prisión. Los médicos del Hospital Las Mercedes de Chiclayo decidieron que debe seguir internado.

Enviar a Manuin a la cárcel ahora equivale a aplicarle la pena de muerte.

No es lo único que quieren eliminar. También buscan dividir a la Asociación Interétnica de la Selva Peruana (Aidesep), la entidad cuyo dirigente principal, Alberto Pizango, está asilado en Nicaragua.

Daysi Zapata, la presidenta en ejercicio de Aidesep, ha denunciado que en el Ministerio de la Mujer se efectúan coordinaciones para dar un golpe de mano contra esa institución. Sundi Simon y Teest Wichua, ex dirigentes de la organización, son, de acuerdo a la información de la dirigente, los personajes utilizados para atacar a la dirección de Pizango y Zapata.

La maniobra llega hasta el punto de citar a una asamblea general a fin de elegir nuevos dirigentes.

Saben los títeres del Apra que no tienen ninguna autoridad para convocar una asamblea electoral, prerrogativa que sólo corresponde a los apus de las ocho regiones nativas.

La maniobra es típica del aprismo. Desde que, debido a sus claudicaciones, perdieron la confianza de las bases sindicales, han acudido al divisionismo y a la creación de organizaciones paralelas. En los últimos tiempos lo han hecho, por ejemplo, en Construcción Civil.

La maniobra contra Aidesep es grave no sólo por el irrespeto a su unidad. Que se actúe así indica que las autoridades no se sienten comprometidas con diálogos o actas. Para ellas, dividir es reinar. Y aplastar.

Sabido es que en Construcción Civil el aliento gubernamental directo, reservando empleo en obras públicas, ha desembocado en violencia. Los divisionistas han resultado, por añadidura, chantajistas y hasta asesinos.

Eso, en la jungla de asfalto de Lima, Callao y Balnearios. Calcúlese lo que podría ocurrir en la selva con gobiernistas armados de flechas y machetes, y armas más modernas.

¿Es eso lo que se busca? ¿Una guerra civil en la Amazonía?

Alan García no ha olvidado nada y no ha aprendido nada. Después de la tragedia que provocó en Bagua con una orden de matanza que sólo pudo provenir de él, cree que puede conseguir con la burla lo que no pudo obtener mediante las balas.

De tanto mentir sobre la Amazonía y los malhadados decretos legislativos de su autoría, ha terminado por creer que la culpa de todo la tiene Aidesep, con la ayuda invisible, impalpable, improbable e imposible de Venezuela.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com