Lugo en el altar de la justicia

Paraguay es un país insólito en el que todos los pobladores hablan español y guaraní, en el que ha habido un partido que gobernó durante 61 años y en el que han elegido a Fernando Lugo, un presidente que era obispo y que es partidario de la Teología de la Liberación.

Por Diario La Primera | 17 ago 2008 |    

Aparte de singular, Paraguay es país trágico. En 1864 padeció una guerra contra la Triple Alianza formada por Brasil, Argentina y Uruguay.

“Los soldados paraguayos lucharon con increíble bravura hasta 1870, y el país perdió dos tercios de sus 600 mil habitantes. Al finalizar la contienda sólo sobrevivían 29 mil varones”, recuerda el estadounidense John Gerassi en su libro El gran miedo de América Latina.

Otro hecho dramático fue la guerra del Chaco, que entre 1932 y 1935 enfrentó a Paraguay y Bolivia. Fue azuzada por la petrolera británica Royal Shell, que realizaba prospecciones en Paraguay, y la Standard Oil, que exploraba en Bolivia. Fue el conflicto bélico más violento de América Latina en el siglo XX. Paraguay ganó la guerra y se anexó parte del Chaco boliviano, pero el petróleo fue descubierto en Bolivia.

Las dictaduras que ha padecido Paraguay han sido sanguinarias y, por supuesto, amparadas por Washington.

El discurso que pronunció Lugo, al asumir la presidencia, revela la hondura de su pasión paraguaya y social. Confirma, asimismo, la rica variedad de la izquierda latinoamericana.

Este ex obispo que siempre optó por los pobres se ha señalado metas que son revolucionarias, en el contexto de la historia y la realidad de su país.

El discurso inaugural del Presidente Lugo, pronunciado ante personajes como Lula (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Daniel Ortega (Nicaragua), José Zelaya (Honduras) y Tabaré Vásquez (Uruguay), fue escuchado también por un ser que parece arrancado a las páginas más sombrías de la historia del Paraguay: el vicepresidente peruano Luis Giampietri.

Deben de haberle ardido las orejas a Giampietri cuando Lugo prometió proteger a los pueblos indígenas de la selva, preservar los bosques y defender a los trabajadores, sin hostilizar a las empresas que cumplan con su responsabilidad social; o cuando rindió homenaje al sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez.

No creo que el almirante haya entendido de qué se trataba cuando Lugo evocó con emoción a grandes luchadores de la cultura y la justicia en Paraguay, como el anarquista Rafael Barrett o el comunista Augusto Roa Bastos.

¡Cómo le habrá chocado al coautor de la matanza de El Frontón oír a Lugo diciendo: “No olvidemos a Salvador Allende y sus jóvenes cien años clamando como el primer día que ‘mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas, por donde pasará el hombre libre para construir una sociedad mejor’!


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com