Los bajos fondos de arriba

El asesinato del joven estudiante Walter Oyarce Domínguez ha conmovido al país y ha expuesto males profundos de nuestra sociedad que repercuten en el más popular de los deportes.

| 28 setiembre 2011 12:09 AM | Columna del Director | 2.9k Lecturas
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Aparte de la congoja por una muerte tan cruel, el episodio merece la atención por otras razones. Hay detrás del grupo que cometió el crimen, la banda denominada El Terror Mochica, por su origen en el Parque Mochica de Santiago de Surco, una propensión a la violencia y el abuso. No por azar uno de sus miembros es apodado “Nazi”. Se sabe que debido a su nivel social, antes los llamaban “Los pitucos de Benavides”, es decir, de la avenida Benavides.

Hace pocos años vi desfilar por la avenida Garcilaso de la Vega una nutrida barra brava. Casi todos los integrantes eran jóvenes mal vestidos y, por su contextura, mal comidos. Pero a la cabeza de la columna iba un muchacho blanco, alto y bien vestido, que los arengaba al tiempo que esgrimía un revólver.

Suele creerse que las barras bravas están formadas sólo por jóvenes marginales. El crimen del Estadio Monumental indica que también en las clases altas hay bajos fondos. Con una precisión: no todos los barristas son criminales en potencia.

Hay algo más. Dirigentes de los clubes reclutan y financian barristas que provienen del hampa. Sé de un distinguido industrial que moviliza al Estadio, como guardia personal, una gavilla de delincuentes prontuariados.

Las autoridades policiales conocen todo eso. Si es así, deberían ayudar a la identificación de malhechores, pitucos o no, para que se elabore una lista negra de quienes nunca deben entrar a un estadio.

Hay muchos problemas en torno al deporte peruano. Uno es el hecho de que el Estado brinda atención casi exclusiva al fútbol. No se estimula otras disciplinas, pese a que en otros tiempos fueron prácticas de muchos jóvenes y brindaron gloria a los aficionados. El atletismo, la natación, el ciclismo parecen no existir para los presupuestos de la República. Hiere el alma ver cómo pequeños maestros del ajedrez, por ejemplo, tienen que mendigar pasajes para torneos internacionales, de los cuales regresan ornados de laureles.

En lo inmediato se debe exigir investigación rigurosa y sanción máxima para quienes resulten culpables del homicidio en el Monumental. En el momento en que escribimos, se anuncia que David Sánchez-Manrique Pancorvo, principal sospechoso, que había fugado a Estados Unidos, iba a regresar y ponerse a derecho. Tiene él que responder no sólo sobre la muerte de Walter Oyarce, sino también sobre la naturaleza e historial de la barra que dirige.

La investigación judicial debería desentrañar los lazos entre las direcciones de los clubes y las barras delictivas. Es, literalmente, una cuestión de vida o muerte para la seguridad pública.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com