Las mujeres y la muerte

En el Perú, 12 mujeres son asesinadas cada mes (34% acuchilladas, 26.5% a golpes, 24.6% por asfixia y 14.9% a balazos).

Por Diario La Primera | 23 jul 2010 |    

En el 37.9% de los casos, los celos impulsaron la mano cruel.

Las víctimas suelen ser jóvenes: el 60% está entre los 18 y 35 años de edad. Para ellas, el tiempo del amor es la estación de la muerte.

Estos datos se expusieron en la Mesa Redonda sobre “Femicidio: aspectos legales y sociales” que se realizó este miércoles en el Instituto Nacional de Salud Mental “Honorio Delgado-Hideyo Noguchi”.

En el evento, organizado por las trabajadoras sociales del nosocomio como parte de la celebración del Día del Trabajador Social (25 de julio), se reveló también que el número de asesinatos de mujeres va en aumento en nuestro país. El Centro Mujer Flora Tristán indicó que entre febrero de 2003 y setiembre de 2005 ocurrieron 265 casos, es decir, un promedio mensual de ocho. Este año, el ritmo es de 12 asesinadas por mes.

El Día de la Mujer se informó que en México en los últimos diez años se contabilizaron 14 mil femicidios.

En Guatemala, la Fundación Sobrevivientes, formada por mujeres que han sobrevivido a la violencia que durante años asoló el país, indica que los asesinatos de mujeres suman, del año 2000 al 2008, un total de 3,774. Guatemala es el país del continente con la tasa más alta de asesinatos violentos contra mujeres.

El Perú no está en ese nivel, pero quizá se deba en parte a la modestia de nuestras estadísticas.

Hay síntomas alarmantes. En primer lugar, que la violencia en general y el asesinato en particular ejercidos contra mujeres no conoce fronteras sociales. Además, las cifras revelan que la violencia mayor contra ellas ocurre en el área rural. No deja de ser indiciario que el promedio más alto se dé en Ayacucho y Huancavelica, territorios de violencia y de pobreza extrema.

“El femicidio”, señalaron las organizadoras, “muestra el real contexto de violencia y discriminación hacia la mujer; de este modo se convierte en uno de los principales problemas sociales que tenemos que enfrentar, pues es evidente que las construcciones sociales de nuestra sociedad toleran la violencia basada en la discriminación de género”.

Me correspondió señalar las raíces de los prejuicios y la violencia contra la mujer. Desde la Grecia clásica se colocó a la mujer como un ser inferior al varón. Las mujeres eran casi unas esclavas arrinconadas en el hogar.

Se olvidó que la mujer, debido a su menor fuerza física y al cuidado de los hijos, inventó cultivos, domesticó animales; creó civilización. Sólo un viraje político, cultural, educativo, moral, puede desarraigar la planta antigua del abuso cobarde contra ese ser a quien el pensador católico Emmanuel Mounier llamó “la última reserva de ternura de la humanidad”.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com