Las cuentas del tío

Jorge del Castillo es un tío ejemplar. Es al mismo tiempo un paradigma de aprista. Entrará en la historia como un compañero dispuesto a enriquecer, literalmente, la nómina de los nuevos ricos, sobre todo si son sus parientes.

| 26 octubre 2009 12:10 AM | Columna del Director | 387 Lecturas
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Sabido es que sus hijos también son unas joyas.

No es sólo cuestión de su nuera Patricia Lozada, contratada, sin que nadie pueda explicar por qué, como directora de la Oficina de Control de Drogas (Ofecod) con el modesto sueldo de diez mil soles mensuales. No se le conoce trabajo o estudio en ese campo; pero tiene un mérito insoslayable: está casada con Miguel del Castillo, hijo del dirigente aprista.

Por otra parte, Roxana Haas, hermana de la esposa de Del Castillo, trabaja en el consulado del Perú en San Francisco, con un sueldo alto, a pesar de que no sabe nada sobre las funciones a su cargo. Lo malo no es que trabaje allí, sino que trata muy mal a los connacionales, tal como ha sido denunciado en la prensa estadounidense en español. Su sueldo en dólares supera el de diplomáticos de carrera; pero, en fin, no es poco mérito el ser cuñada del ex premier, un hombre con tan buenos vínculos en Washington y en San Francisco. Ella se desempeña como asesora administrativa del consulado en San Francisco.

La señora Haas percibe mensualmente 21,690.56 soles, que traducidos al cambio significan alrededor de siete mil dólares.

Según informe de Jorge Castañeda Méndez, embajador del Perú en Estados Unidos, doña Roxana fue nombrada para el cargo el 26 de junio de 2002, es decir, en la época de Alberto Fujimori. Cesó el cuatro de junio de 2006; pero el 19 de julio de 2006, en vísperas de la asunción del poder por el Apra, fue restituida en su puesto.

El Apra es el partido de los nuevos ricos, puestos al servicio de los ricos antiguos y las transnacionales. Cada acceso al poder ha significado para los apristas el asalto a la planilla fiscal.

Esa fue la interpretación que ellos dieron a la frase de Víctor Raúl Haya de la Torre en el mitin del reencuentro, en 1945, en la plaza San Martín: “No queremos quitarle la riqueza a quien la tiene, sino crearla para el que no la tiene”. Le faltó agregar: siempre y cuando tenga carné del partido.

El Apra fue en sus inicios, en los años 20 del siglo pasado, un movimiento a la vez político y ético. Todavía en los años 30 de esa centuria fue una organización de combate, rebeldía y honradez. Por eso la prohibieron, persiguieron y asesinaron.

Hoy, una generación que no conoció prisión, ni tortura ni destierro, encarnada por Alan García y Jorge del Castillo, sólo aspira a engordar engordando sus cuentas bancarias, aunque para ello tengan que entregar al peor postor Collique o los puertos, castigar a los pobres y desempeñar cargos para los que son ineptos. Se van de robo.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com