La sinrazón de Chile

El Perú, en la voz de su agente Allan Wagner, toma hoy la palabra ante la Corte Internacional de La Haya. Todo el país está unido bajo la bandera del derecho internacional, de la historia y de la reivindicación de un espacio marítimo que se niega al sur peruano.

| 03 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 776 Lecturas
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Chile pretende que entre nuestros dos países existe un Tratado de límites marítimos. El Perú sostiene, a la luz de los documentos y de los hechos, que no existe tal Tratado, y que lo que Chile presenta como tal son meros acuerdos pesqueros.

Alberto Adrianzén presenta en esta edición un argumento demoledor a favor de la posición peruana. Sabido es que lo que Chile pretende convertir en Tratado peruano-chileno son, en realidad, acuerdos tripartitos entre el Perú, Chile y Ecuador. La prueba de que esos textos no eran tratados bilaterales es que solo en 2011, hace un año, Ecuador ha firmado un Tratado de Límites con Perú.

Desde los días del ministro chileno Diego Portales, que armó, con ayuda de políticos y militares peruanos, una invasión al Perú para destruir la Confederación Perú-Boliviana, Chile practica una política antiperuana. Esto permea hasta hoy la línea de los halcones, cuyo espolón de acero está en la Marina y el Ejército de Chile, pero que influye en toda la clase política y la opinión pública del país de Pablo Neruda. El poeta, hay que recordarlo, luchó desde su juventud contra el chovinismo que amenazaba al Perú y golpeaba y masacraba al pueblo chileno.

La historiadora peruana Carolina Leciñana publicó en 2004 el libro La guerra del Pacífico 120 años después en él se lee cómo, después de la guerra, el canciller chileno José Manuel Balmaceda trató de probar ante la diplomacia estadounidense que Tarapacá era importante para Chile por la existencia de grandes capitales chilenos en dicha zona.

La autora escribe respecto a las violaciones por Chile del Tratado de Ancón, firmado después de la guerra:

“La primera consistió en no realizar el plebiscito al cumplirse los diez años, postergándolo indefinidamente”.

“La segunda fue que Chile siguió ocupando los territorios de Tacna y Arica sin ningún título, atribuyéndose además facultades y ejercicios que no le correspondían como si fuera dueño y soberano. Así, se creó intereses permanentes y definitivos, se demarcó fronteras y se asumió la representación internacional de dichos territorios. Por lo tanto, se atribuyó concesiones más allá de lo que les concedía la simple ocupación de esos territorios”.

“Una tercera violación chilena fue la de no aplicar su legislación sino un régimen de excepción. Un régimen de absoluta arbitrariedad y atropello hacia toda la población peruana en las provincias cautivas”.

A la luz de la historia, hay que tomar con pinzas la declaración del Presidente Sebastián Piñera de que Chile “es un país respetuoso del derecho internacional y de los tratados”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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