La segunda ola del desastre

Hace días anticipamos que aún faltaba lo peor en la crisis económica de Estados Unidos: el desempleo masivo.

Por Diario La Primera | 25 set 2008 |    

Ayer, la CNN indicó que 11 millones de trabajadores estadounidenses sufren ya el impacto de la crisis. Muchos de ellos corren el peligro de ser lanzados a la calle. En lo que va del año, ya han sido despedidos más de 600 mil.

Mientras el Senado de Estados Unidos discute y critica el plan del presidente Bush de destinar 700 mil millones de dólares del fisco para comprar activos de los bancos hipotecarios en quiebra, el FBI anuncia una investigación para averiguar si los directivos de esas financieras cometieron fraude.

Uno de los aspectos sospechosos es la capacidad de los directivos de informar –o, más bien, desinformar– sobre la situación real de sus instituciones.

En su libro clásico The great crash, el economista John Kenneth Galbraith ubica lo que llama “las cinco debilidades” de la economía de su país en 1929. Leyendo las páginas al respecto dan ganas de entonar el tango “La historia vuelve a repetirse”.

La primera debilidad era la mala distribución del ingreso: un cinco por ciento de la población recibía un tercio del total. Eso implicaba que la economía dependía de los gastos, de lujo en gran medida, y las inversiones especulativas de los ricos.

Bush ha reinstalado, agigantándolo, ese escenario de desigualdad y riesgo.

Otra debilidad consistía en la mala estructura corporativa, el alto nivel de especulación en Wall Street: “El hecho es que la empresa estadounidense en los años veinte había abierto sus hospitalarios brazos a un número excepcional de promotores, malversadores, estafadores, impostores y autores de fraudes”.

En el régimen de Bush, comenzando por él mismo, hay más de un especialista en negocios turbios, incluidos lo que ganan en la fabricación de armas para que jóvenes de Estados Unidos maten (y mueran) en Irak y Afganistán.

La mala estructura bancaria, el estado dudoso de la balanza comercial y el mal estado de la inteligencia económica, fueron otros factores de aquella quiebra, precisa Galbraith.

El punto cuarto tiene un elemento peruanísimo. Sobre la base de las actas de una investigación del Congreso de Estados Unidos, Galbraith cita el caso de Juan Leguía, hijo del presidente Leguía, quien había recibido una coima de 450 mil dólares de los bancos J. and W. Seligman y National City Bank “por sus servicios en conexión con un préstamo de 50 millones de dólares negociados para el Perú” (página 186 de la edición príncipe, que es de 1955).

Esos antecedentes justifican las prevenciones y condiciones que muchos congresistas estadounidenses oponen al plan de rescate financiero de Bush, cuya política es responsable de la catástrofe norteamericana y mundial. Gracias a eso, Barack Obama saca ventaja.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com