La primera baja es la verdad

La tragedia de Cajamarca, con su foco en Celendín, es grave no sólo por el número de muertos y heridos. Lo es por la evidencia de un propósito represivo, que recurre a la matanza, y también por el recurso a la mentira oficial, que en este caso es mentira torpe y cínica.

| 05 julio 2012 12:07 AM | Columna del Director | 3.1k Lecturas
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Ahora se sabe la verdad de Celendín. No hubo ahí ninguna acción contra el proyecto Conga, sino una protesta de trabajadores que habían realizado obras para la Municipalidad celendina, que esta se negaba a pagar. Que la protesta fuera enérgica no significa que había que sofocarla a balazos. La versión del Ministerio del Interior sobre estos hechos es pura falsedad.

Tampoco es verdad que hubiera policías heridos de bala. El doctor Reynaldo Núñez, Director Regional de Salud-Cajamarca, ha precisado que ha atendido policías heridos, pero ninguno de bala. En cambio, sí confirma que los muertos civiles Eleuterio Rojas, de 40 años de edad, José Silva, de 36 años, y César Medina Aguilar, de 17, murieron por impacto de bala.

Es este un panorama sombrío. En él aparecen los signos de una ceguera represiva, que ostenta el sello de sangre de Óscar Valdés, presidente del Consejo de Ministros, y Wilver Calle, ministro del Interior. No es casual que ambos conserven el cordón umbilical con el fujimorismo. Tampoco es fruto del azar que el fujimorismo militante los apruebe y que reclame mayor dureza aún.

Los excesos de la fuerza pública responden, sin duda, a directrices expresas de esos funcionarios. En Celendín ha funcionado el gatillo alegre por orden superior.

Si no fuera así, si no hubiera mandato homicida, la Policía hubiese podido recurrir a métodos disuasivos.

El talante autoritario y cobarde se revela también en la detención de Marco Arana. Cuarenta agentes lo apresaron cuando estaba sentado en una banca de la Plaza de Armas. A ese personaje ilustre, que ha luchado durante años contra la contaminación ambiental de Cajamarca, y que ha fundado el partido Tierra y Libertad, lo han maltratado al detenerlo y en la comisaría a que fue conducido. Este atropello, que hace recordar métodos de dictaduras oligárquicas, merece la condenación más severa. Reclama asimismo una investigación y una disculpa oficial.

En general, el país espera que Palacio se pronuncie sobre estos hechos.

Ayer mismo se produjo en la región Cajamarca un nuevo acto de violencia con saldo trágico. En Bambamarca la fuerza pública arremetió contra una manifestación pacífica. El saldo es un muerto y veinte heridos.

¿Significa esto que va a seguir la serie de matanzas? ¿Toda protesta se va a conjurar a balazos?

Si esta fuera la decisión, se pueden predecir más protestas, más estallidos.

A lo mejor el fujimorismo supérstite y sus socios nacionales y extranjeros buscan un gran desorden, para imponer su orden.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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