La Paz pierde la paz

En enero de 2006, Evo Morales asumió la presidencia de Bolivia en olor de multitud. Casi seis años después, una protesta de masas, sobre todo masas campesinas, sacude su régimen.

| 30 setiembre 2011 12:09 AM | Columna del Director | 1.6k Lecturas
1697

La causa inicial es una protesta de indígenas amazónicos contra la construcción de una carretera transoceánica que atravesaría el Parque Nacional “Isiboro Sécure”.

La lucha se había condensado en una marcha de pobladores de la selva. La falta de decisión de Evo Morales, en cuanto a continuar o no el proyecto, ha dado tiempo para que el movimiento se transforme en enorme descontento popular. Ahora, los indígenas bolivianos, que eran el baluarte de Evo, se han rebelado.

La influyente Central Obrera Boliviana se ha sumado a la movilización. Huelgas de estudiantes y huelgas de hambre, marchas en varias ciudades, jaquean al gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS), cuyo líder máximo es el Presidente.

La situación se agravó cuando la Policía arremetió contra una marcha indígena en Yucumo. Hubo numerosos heridos y contusos. Hasta el momento no hay, felizmente, muertos, aunque se habla de una veintena de desaparecidos.

La violencia de la represión ha resultado un bumerán contra Evo. En primer lugar, por la fuerte protesta que ha suscitado. Además, porque ha conducido a la renuncia de dos ministros y diversos funcionarios de alto nivel. La ministra de Defensa, Cecilia Chacón, abandonó el cargo por discrepar con la orden de reprimir la manifestación. También dimitió Sacha Llorenti, ministro del Interior.

La crisis ha llegado al punto en que se acusa a Morales de actuar contra la masa indígena que lo elevó al poder.

Por supuesto que la derecha azuza el descontento. El gobierno de Estados Unidos, por su parte, se ha dado el lujo de brindar consejos. Esto era previsible. Hay un principio de táctica militar y de relaciones públicas que indica que las victorias de un sector suelen darse no porque el adversario sea superior, sino por los errores del propio sector.

El régimen de Evo Morales incurrió en el pecado de no dialogar con los indígenas, en aplicación de la norma de consulta con los pueblos afectados. No se trata sólo de la carretera. Los amazónicos reprueban precisamente que no se haya cumplido el derecho a la consulta. También reclaman contra los abusos en la actividad petrolera, así como piden titulación de territorios y compensación por la emisión de gases de efecto invernadero.

Para la izquierda latinoamericana, lo que ocurre en Bolivia es una dura lección. La deducible moraleja es que para evitar la rebelión de las masas hay que respetar y consultar a las masas, y que no hay que incurrir en el pecado de soberbia que cree que lo sabe todo y no escucha consejos.

Hay que saludar el gesto de Evo, de señalar que no fue él quien ordenó la represión, y pedir disculpas por ésta.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...

César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com