La patria invisible

Jorge Basadre forjó conceptos duraderos respecto al Perú. Entre otros, que al Perú había que estudiarlo desde el punto de vista del futuro, no del pasado ni del presente. En Infancia en Tacna (primera edición en 1959) recordó los años de la brutal ocupación chilena, pero también la lealtad del pueblo de Tacna. La mayoría de los tacneños no conocía el resto del Perú, pero se había forjado una imagen idealizada de la patria. Era la patria invisible.

| 07 marzo 2012 12:03 AM | Columna del Director | 5.1k Lecturas
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Otro gran mérito del historiador fue descubrir que en la fundación de la República habían ingresado propuestas y anhelos que habíamos abandonado. Es lo que él llamó la promesa incumplida de la vida peruana.

Otro concepto trascendente de Basadre fue que nuestra derrota en la guerra del Pacífico se debió al “Estado empírico y al abismo social”. Ese seguía siendo un mal profundo del Perú.

En el libro de memorias que hemos mencionado, Basadre recuerda cómo, siendo muy joven, fue a Arica como miembro de la comisión plebiscitaria del Perú.

Sabido es que el Tratado de Ancón, suscrito en 1883, entregó a Chile por diez años nuestras provincias de Tacna y Arica. Al cabo de ese plazo, los ciudadanos de ambas provincias debían decidir, en plebiscito, si querían ser peruanos o chilenos. Por supuesto que Chile impidió que el plebiscito se realizara.

En los días previos al plebiscito, parte de la delegación peruana se alojó en casa de la dama tacneña Virginia Sosa. Infelizmente, algunos de los alojados comenzaron a emborracharse, a pelear entre sí y a emplear un leguaje soez.

La dama no soportaba esa mala conducta, que dañaba la idea que tenía de la patria. Ella amaba la otra patria, la patria invisible.

Basadre traza en esas páginas un retrato de lo que era el Perú real:

“Desmán condenable en que incurren el poderoso grande o chico, el senador, el diputado, el gamonal, el latifundista, el funcionario; arbitrariedades y caprichos del déspota; enriquecimiento vertiginoso efectuado por el prevaricador de ayer o de hoy o de mañana; oratoria vacía y vana en los labios de quien, allá en sus adentros, se ríe de sus frases comunes como sendas por cualquiera transitadas; ocio costoso del diplomático inútil; negligencia o rutina en el burócrata, con daño o desmedro de la justicia clara o del interés legítimo; intriga sórdida bullente en las camarillas; violación mendaz de los derechos del pueblo; calumnia esparcida por el pasquín o el corrillo; amarilla envidia para quienes valen; egoísmo ciego de las oligarquías de espaldas ante la comunidad que las nutre; indiferencia, hostilidad o desprecio frente a los que tienen el derecho fundamental de ascender desde un nivel demasiado bajo”.

Frente a eso Basadre pedía avanzar hacia la plena justicia social y auténtico desarrollo material y cultural.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com