La Parada se mueve

El conflicto en el Mercado Mayorista de Lima se acerca a un buen final. La mayoría de comerciantes –no los intermediarios mafiosos, que subarriendan puestos– acepta el traslado a nuevo mercado, el de Santa Anita.

| 29 octubre 2012 12:10 AM | Columna del Director | 1.3k Lecturas
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Una encuesta de Ipsos Apoyo realizada para El Comercio muestra que el 49 por ciento de los comerciantes ve como positivo ese traslado, en tanto que un 47 por ciento lo considera negativo. Por otra parte, el 53 por ciento de los limeños lo aprueba, y solo 40 por ciento lo desaprueba.

Me alegro por ese giro de la opinión, que implica un rechazo a la maniobra política de los mafiosos, coordinada con la extrema derecha que quiere defenestrar a la alcaldesa Susana Villarán.

Pertenezco a la generación que en 1950 vio nacer La Parada en el lugar que ocupa y que pronto quedará vacío. Pocos saben que el gran mercado de Lima, aparte del Mercado Central, se alojaba en los años 30 y 40 del siglo pasado en la avenida Grau, en las cuadras que se extienden desde Manco Cápac hasta el Hospital Dos de Mayo.

Recorrí esa zona en mi infancia de vendedor de periódicos, y no puedo olvidar el cariño, y las frutas, que me brindaron las vendedoras. Federico More llamó a esas señoras “las damas de La Parada”, entre otras cosas porque habían entregado al comandante Luis M. Sánchez Cerro un apoyo apasionado.

Décadas después surgió La Parada que hoy se desvanece, con su cortejo de ropa usada y libros y revistas de segunda o tercera mano, aparte de objetos insólitos. En Caretas escribí una crónica temprana en la cual informaba que ahí se podía comprar desde un alfiler hasta un avión (con foto). Era Tacora equivalente limeño del Marché aux Puces (Mercado de las Pulgas) de París.

Acudir a Tacora era para mí la misa laica de los domingos. Uno podía encontrar en ese sitio un ejemplar maltrecho de la edición príncipe de Los heraldos negros. Si no me equivoco, ahí adquirió Jorge Vega cuadernos de bitácora del “Huáscar” del Almirante Miguel Grau, con los que Guillermo Thorndike enriqueció sus fuentes para su gran libro sobre el Caballero de los Mares.

Con el tiempo, y en vista de que cada vez acudían a Tacora más caballeros y damas distinguidos, los ladrones se concentraron en ese paraje de la Avenida Aviación. Confieso que por temor dejé de acudir a Tacora. Mi amor por los libros no opaca mi amor por la vida.

El fin de Tacora marca el ocaso de una época de Lima, de un comercio que, por sus condiciones sanitarias, por las ratas enormes, de libre circulación, por la proliferación de delincuentes desalmados, constituía una amenaza mortal para la capital.

Ahora se sabe que uno de los mafiosos de La Parada fue detenido en agosto por extorsionador de empresarios de construcción civil. Pero estaba libre, literalmente suelto en plaza.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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