La otra orfandad.

Nutrido correo me ha llegado por la muerte de mi esposa. No sé cómo agradecer a todos los autores de esos mensajes -ministros, escritores, estudiantes, militares, amigos de toda la vida o recién ganados. Hay algunos que expresan no solo condolencias, sino también reflexiones de orden histórico y social.

| 26 setiembre 2011 12:09 AM | Columna del Director | 2k Lecturas
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Uno de esos textos dice: “Cuando muera el último hombre de esa generación heroica, ¿qué será de nosotros?”.

La frase martillea en mi cerebro y en mi corazón. Refleja el vacío que los jóvenes encuentran no solo en el Perú.

La noche del jueves último dicté en la Casa Museo José Carlos Mariátegui una conferencia sobre la revista Amauta. Al final, un joven del público me obsequió la fotocopia de un libro extraordinario: Algo va mal. El autor es el estadounidense Tony Judt, y la edición en español, de enero de este año. Fíjense en lo que hallé en la página 18:

“Llevo treinta años oyendo decir a los estudiantes: ‘Para ustedes fue fácil: Su generación tenía ideales, creía en algo, podía cambiar las cosas. Nosotros (los hijos de los ochenta, los noventa, del 2000) no tenemos nada’”.

En el mundo ha habido, a partir de 1980, una suerte de guerra de los 30 años. El neoliberalismo desató una agresión masiva contra las políticas públicas, el gasto social, la cultura y la educación. La prédica del individualismo salvaje, es decir, del capitalismo salvaje, dejó en la juventud un vacío moral. No es casual que más del 50 por ciento de los jóvenes de Estados Unidos sean consumidores de drogas.

“Durante los primeros años de este siglo”, escribe Judt, “el ‘consenso de Washington’ había ganado la batalla. En todas partes había un economista o ‘experto’ que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo y la baja tributación. Parecía que los individuos privados podían hacer mejor todo lo que hacía el sector público”.

Eso ha empezado a cambiar a golpe de catástrofes. Hasta hace dos o tres años el neoliberalismo era el santo remedio. Irlanda era un ejemplo de milagro neoliberal. Un empecinado peruano aplaudía que España aplicara la receta del FMI que ha hundido a la península en el más áspero naufragio. Solo los ultrarreaccionarios de Estados Unidos o del canal N del Perú siguen predicando el catecismo que conduce al fracaso.

Eso ha cambiado expone Judt: “Un asombroso número de economistas partidarios del libre mercado, de los que se prosternaban a los pies de Milton Friedman y sus colegas de Chicago, hacen acto de contricción y juran lealtad a la memoria de John Maynard Keynes”.

“No podemos seguir evaluando nuestro mundo y las decisiones que tomamos en un vacío moral”, concluye Judt. Hay que saber cuáles son los intereses del individuo. “Tenemos que preguntarnos qué quieren las personas y en qué condiciones pueden satisfacerse esas necesidades”.

Esa es vuestra tarea, digo a los jóvenes. Aunque nosotros nos hayamos ido.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com