La novela y la vida de García

Aunque nadie se haya dado cuenta, el cuento de Alan García sobre el perro del hortelano tiene un preludio en dos escritos de Mario Vargas Llosa: El Hablador, en cuanto a la ley de la selva, y La utopía arcaica, respecto a las comunidades andinas.

Por Diario La Primera | 21 set 2008 |    

Italo Svevo, el gran escritor de Senilidad, ejerció en un tiempo la crítica teatral y cuando aparecieron Mussolini y el fascismo señaló que el personaje estaba ya en la ópera: “El arte no imita a la vida. La vida imita al arte”.Virginia Woolf escribiría: “La vida no imita al arte. Una de las dos malditas cosas basta”.

Cuenta Mario Vargas Llosa en El Hablador, publicado en 1958, sus discusiones de 1958 con su amigo Saúl, que rechazaba la incursión de los “civilizados” en la selva.

Dice en el primer capítulo: “A veces, para ver hasta dónde podía llevarlo ‘el tema’, yo lo provocaba. ¿Qué proponía a fin de cuentas? ¿Que, para no alterar los modos de vida y las creencias de unas tribus que vivían, muchas de ellas, en la Edad de Piedra, se abstuviera el resto del Perú de explotar la Amazonía? ¿Deberían dieciséis millones de peruanos renunciar a los recursos naturales de tres cuartas partes de su territorio para que los sesenta u ochenta mil indígenas amazónicos siguieran flechándose tranquilamente entre ellos, reduciendo cabezas y adorando el boa constrictor?... No, Mascarita, el país tiene que desarrollarse”.

Medio siglo después, en octubre del 2007, García iniciaba su serie perruna con esta frase: “El primer recurso es la Amazonía. Tiene 63 millones de hectáreas y lluvia abundante. En ella se puede hacer forestación maderera… pero para eso se necesita propiedad, un terreno seguro sobre 5,000, 10,000 o 20,000 hectáreas”.

Vargas Llosa hubiera podido reclamar derechos de autor sobre la ley que el presidente García se ha arrepentido de observar, en vista de una enérgica amenaza de rebelión amazónica.

El Decreto Legislativo, derogado por el Congreso gracias a la oposición de los pueblos de la selva y la izquierda del país, propiciaba un negocio fácil y con ganancias multimillonarias.

Como dijo un brasileño en diálogo amistoso: “En la Amazonía, con 50.000 hectáreas y casi sin inversión alguna, puedo ganar más que un banquero”.

De acuerdo con el Protocolo de Kyoto, que busca defender el medio ambiente planetario, se puede recibir fortunas de las grandes potencias si uno posee un bosque: por servicios ambientales; por captar (mediante las hojas de los árboles) bióxido de carbono; y por regular el agua.

En La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo Vargas Llosa emplazó su artillería verbal contra las comunidades campesinas y, en general, las manifestaciones de la cultura tradicional andina.

Eso mismo que tú sólo dices, Mario, lo quiere llevar a cabo García.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com