La lucha por las clases

Ayer se cumplieron dos meses de la huelga dispuesta por Sutep-Conare, la organización de maestros cuyos dirigentes están vinculados con Sendero Luminoso. En algunas regiones –Puno, Apurímac, Ancash– la paralización ha concluido, gracias en gran parte a las marchas de padres de familia y de alumnos.

| 21 agosto 2012 12:08 AM | Columna del Director | 2k Lecturas
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En Ayacucho, la huelga continúa, con nuevos reclamos. Ahora los huelguistas ayacuchanos, según el periódico local Jornada, Miguel Villanueva Pineda, presidente del Comité de Lucha del Sutep-Conare de esa región, declaró que ellos exigen que se tome a la Ley del Profesorado como norma para regular contratos, nombramientos y aumentos de sueldo.

Pero resulta que con esa Ley del Profesorado la educación peruana está en el lugar donde está: en el penúltimo lugar de América Latina. En las evaluaciones que se realizaron en siete provincias de Ayacucho el año pasado, sólo 20 de cada cien niños comprenden lo que leen y pueden realizar operaciones básicas. Todo eso, bajo la Ley del Profesorado dictado en la época de Fujimori.

Los maestros radicaloides dirán que eso es culpa, no de los maestros, sino del sistema. No van a acabar con el sistema mediante una huelga que no quieren concluir. Entretanto, por falta de clases, los muchachos más pobres, los que acuden a las escuelas y los colegios estatales, tendrán menos ocasiones para aprender a leer y comprender, y para saber restar o multiplicar.

En estos días se ha revelado que la señora Edy Camones, secretaria general del Sutep-Conare de Ayacucho tenía a una hija matriculada en un colegio particular. Por supuesto que sus compañeros de gremio y de partido aducen que esa es una patraña del presidente regional. La propia profesora Camones ha reconocido, sin embargo, que tuvo a su niña en un colegio privado, pero fue “en otras circunstancias”.

Por supuesto que esto indigna a muchos padres de familia.

Dos meses de huelga ya son mucho. No cabe discutir la razón de las demandas profesionales de los maestros. Lo que sí puede preocupar es que el sector extremista no presenta ninguna propuesta para mejorar la educación. Otra mala señal es que no parece importarles el mal que están causando a los estudiantes.

Esos cientos de miles de víctimas recordarán más tarde al Sutep-Conare como una entidad que frustró sus estudios y sus vidas.

No sólo los alumnos cuentan entre las víctimas de tan prolongada parálisis. Otro perjudicado es el propio magisterio. El hecho de que algunos dirigentes del Sutep-Conare sean prosenderistas ha dañado el prestigio de los maestros en su conjunto.

Probable es que la huelga termine debido a las protestas y movilizaciones de padres y estudiantes. Si eso ocurre, sería bueno que las bases sindicales impulsen una autocrítica y estudien nuevas, y más eficaces, formas de lucha.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com