La impunidad uniformada

El presidente Alan García pidió ayer que no nos acostumbremos “a generalizar y ver en cada uniformado un sospechoso de abuso o latrocinio”.

Por Diario La Primera | 03 enero 2009 |  467 
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García generaliza. A ningún peruano se le ocurre que todos los uniformados son abusivos o ladrones. Lo que pasa es que él defiende a quienes sí lo son.

García generaliza a favor de ciertos generales que han cometido violación de los derechos humanos o que no han dado debida cuenta de fondos asignados para fines institucionales.

En LA PRIMERA nos podemos jactar de defender las instituciones castrenses y policiales, y los derechos personales y colectivos de militares y policías.

Denunciar los malos manejos no es lastimar a las instituciones. Es, al contrario, defenderlas, y proteger, además, los dineros destinados a los miembros de ellas. Ejemplo clamoroso es el de los altos mandos del Ejército denunciados por comerciar el combustible destinado a unidades castrenses.

Señalar la responsabilidad del vicepresidente Luis Giampietri en la matanza de El Frontón no apunta contra el honor de la Marina de Miguel Grau.

García defiende a los malos militares, porque está coludido con ellos en acciones que ofenden la dignidad de los institutos militares.

Es García el mandatario que ha dictado un decreto que autoriza a militares y policías a disparar contra manifestantes, y que garantiza impunidad a los uniformados de pistola suelta.

Afirma García que las denuncias contra abusos o delitos de soldados y policías debilitarán “su ánimo para cumplir su misión de defendernos”. Lo que quiere, en realidad, es envalentonar a los antedichos para que no vacilen a la hora de disparar.

En la misma dirección marchan las palabras del ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, pronunciadas en la ceremonia de reconocimiento del jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general EP Francisco Contreras.

Dijo el ministro que en las zonas declaradas en emergencia las Fuerzas Armadas “pueden intervenir y detener a personas sindicadas como narcoterroristas y luego ponerlas a disposición de la fiscalía”. Pero ha ocurrido que, como en tiempos de Fujimori, primero se dispara y después se averigua. O se detiene a campesinos que nada, absolutamente nada, tienen que ver con narcos o subversivos. Después los liberan por falta de pruebas. ¿Por qué los apresaron si no las tenían?

Hubo una época en el Perú en que un abismo de odio separaba a civiles y militares. El gobierno del general Juan Velasco produjo el portento de un reacercamiento. Tengo la clara percepción de que Sendero Luminoso volvió a abrir la brecha, y, con sus excesos violentistas, dio alas a la represión y fomentó la derechización, auspiciada desde Washington, del Ejército.

A partir de eso, Alan García auspicia un clima de guerra civil, y por eso quiere lanzar a los militares contra los civiles.

Referencia
Propia



    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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