La hora de la espada

En diciembre de 1924, el Perú celebró el primer centenario de la batalla de Ayacucho, con la que culminó la lucha por la emancipación de nuestra América. Augusto Bernardino Leguía, entonces presidente del Perú, organizó una fastuosa conmemoración con invitados ilustres. Uno de los huéspedes fue el poeta argentino Leopoldo Lugones, quien pronunció en el Teatro Municipal de Lima el discurso “La hora de la espada”, que fue algo así como el clarín que incitó al fascismo sudamericano.

| 09 diciembre 2011 12:12 AM | Columna del Director | 5k Lecturas
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“Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada”, expresó Lugones, socialista en su juventud, y ya entonces admirador de Mussolini, el creador del fascismo italiano.

Hay que recordar que José Santos Chocano se adhirió a las ideas de Lugones. Ello le valió una refutación abrumadora del brillante y joven intelectual Edwin Elmore. Chocano, herido en su hinchado ego, asesinó a Elmore.

El discurso de Lugones contenía este párrafo:

“En el conflicto de la autoridad con la ley, cada vez más frecuente, porque es un desenlace, el hombre de espada tiene que estar con aquella. En esto consisten su deber y su sacrificio. El sistema constitucional del siglo XIX está caduco. El ejército es la última aristocracia, vale decir la última posibilidad de organización jerárquica que nos resta entre la disolución demagógica. Solo la virtud militar realiza en este momento histórico la vida superior que es belleza, esperanza y fuerza.”

Juan Domingo Perón, el padre del populismo argentino, cuenta en sus memorias que en 1930 los mandos militares de su país hicieron buscar copias del discurso de Lugones en Lima. Ese mismo año, el texto fue reproducido en La patria fuerte. Poco después se produjo el golpe militar encabezado por el general José Evaristo Uriburu, quien instauró una dictadura brutal.

Los militares aupados en el poder no pagaron bien a su inspirador Lugones. Le dieron un modesto empleo de inspector de escuelas. Lugones se suicidó años después, en 1938, a causa de una decepción amorosa. Vivía un romance con una joven estudiante a quien había conocido en conferencia por él pronunciada. Su hijo Leopoldo fue condenado por violar a un menor, y fue policía e inventor de la picana eléctrica como método de tortura. Su nieta Susana se hizo peronista revolucionaria y murió asesinada.

Las ideas del Lugones fascista coadyuvaron a la salida autoritaria en América Latina, en la gran crisis desatada en los años 30 del siglo pasado. Dejaron, además, una larga herencia golpista y fascista en Argentina. El asesino Rafael Videla se coloca en esa estela que dividió y retrató a la Argentina.

Triste legado aquel, que nada tiene con ver con el sueño de libertad e independencia por el que dieron sus vidas miles de valientes de un ejército multinacional.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com