La frescura de Uribe

Álvaro Uribe, presidente de Colombia, es mundialmente conocido por su apoyo a paramilitares asesinos, su odio mortal a los sindicalistas, sus lazos históricos con el narcotráfico y su afán de conceder bases militares a Estados Unidos.

Por Diario La Primera | 06 ago 2009 |    

Es, además, amigo íntimo de Alan García.

Hace muy pocos días, el 28 de julio, el Observatorio para la Protección de los Defensores de Derechos Humanos, integrado por congresistas y otros personajes de Estados Unidos y Gran Bretaña, dirigió a Uribe una lapidaria carta abierta.

La carta señala que en abril y mayo de este año fueron asesinados otros cinco dirigentes y miembros de sindicatos. (Se añaden a dos mil asesinados en los últimos años).

El observatorio pide a Uribe que rectifique públicamente sus declaraciones recientes “en las que apoya de forma casi incondicional” a los militares culpables de asesinatos.

“Estamos convencidos de que las actividades asesinas de los paramilitares son aprobadas y activamente apoyadas por el gobierno y el Ejército”, añade el texto.

Y prosigue: “En vez de encarcelar a los verdaderos criminales, el gobierno ha encarcelado a sindicalistas, a miembros de la oposición política y a defensores de los derechos humanos”.

Ese es el fresco personaje al que Alan García felicita “por lo mucho que ha hecho por Colombia y todo el continente”.

Si se cumple la instalación de bases estadounidenses en Colombia, significa que Uribe no ha aprendido nada de la tragedia que ha significado para Colombia la intervención yanqui, disfrazada de lucha contra el narcotráfico.

Esas bases significarían asimismo una amenaza contra la paz y la seguridad en América del Sur, amenaza que aparece en toda su dimensión si se recuerdan los risibles “descubrimientos” de vínculos de los gobiernos de Venezuela y de Ecuador con las FARC.

El régimen de Uribe, con el apoyo de gobiernos proyanquis como el del Perú, es, así, un factor de discordia en nuestra América y se convierte en base para futuras acciones intervencionistas en esta región.

Significativo para el Perú es que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, haya expresado su respeto por el acuerdo militar que Colombia negocia con Estados Unidos.

Al presidente García no le perturba el peligro que significa esa confluencia de Colombia por el norte y Chile por el sur.

García rompe con una tradición nacionalista del Perú, que se manifestó cuando, al terminar la segunda guerra mundial, Washington quiso mantener la base aérea de El Pato, instalada en Talara durante aquel conflicto. Un torrente de cólera peruana obligó a que los gringos emprendieran raudo vuelo.

Felizmente, hay regímenes como los de Brasil, Bolivia y Venezuela que sí han comprendido el potencial intervencionista y belicista del proyecto de Uribe (del Pentágono, en verdad).




    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com