La droga del terror

El asesinato alevoso de tres policías y dos civiles en San José de Secce, Huanta, ha sido cometido por remanentes del senderismo que actúan como sicarios del narcotráfico. San José es puente estratégico en el paso de insumos para la elaboración de la droga.

Por Diario La Primera | 04 ago 2009 |    

No es exacto que ese ataque exprese un fortalecimiento de la organización que Abimael Guzmán sigue dirigiendo desde la Base Naval del Callao.

No se puede ignorar que José Quispe, el jefe del grupo armado que opera en el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), ha manifestado, por radio y por escrito, que Guzmán es un revisionista, un asesino del pueblo y, por eso, ha pedido que se lo entreguen para fusilarlo.

Error grave es, pues, atribuir al desgastado Sendero el crimen cometido en San José de Secce. El senderismo, que tanto daño hizo al país y a la izquierda, que tantos actos de barbarie cometió, se concentra ahora en campañas políticas cuya meta es la amnistía para su jefe.

Los asesinos del VRAE son una rama disidente del movimiento de Guzmán. Hay documentos de ambas partes que lo demuestran.

Quienes desde el primer momento denunciamos y combatimos, con principios, con doctrina, a Sendero, y repudiamos también la guerra sucia de la fuerza pública, sabemos que, hoy más que nunca, los métodos del terror y la violencia sectaria están condenados al fracaso.

“No hay que confundir a una patrulla perdida en la selva con una vanguardia”, escribió el gran periodista y revolucionario argentino Rodolfo Walsh.

Tampoco podemos desatender los actos de provocación de cierta ultraizquierda que hasta se da el lujo de ocupar una tribuna en el Congreso de la República, justo cuando Ollanta Humala buscaba en Europa deslindar frente al terrorismo.

Este diario no es humalista, como sostienen al unísono la extrema derecha y la izquierda dogmática. Apostamos por un gran cambio social que sea producto de la voluntad mayoritaria, y, para eso, por una vasta liga de fuerzas democráticas.

El telón de fondo móvil del drama de San José es la inepcia, no de la Policía, sino de sus altos mandos, para enfrentar la amenaza que plantean el narcotráfico y su brazo armado.

El ministro del Interior, Octavio Salazar, ha vuelto a demostrar que más pesa en él su afinidad política con Alan García que sus deberes en cuanto a la seguridad nacional y la de los policías.

Está claro que los policías de la base atacada habían pedido refuerzos que nunca llegaron.

Los hechos indican que, como lo señala el general (r) Roberto Chiabra, falta en el VRAE un programa social. No basta la acción policial o militar.

Acciones con cuentagotas como las planeadas por García con los núcleos ejecutores pueden resultar allí estériles. Se necesitan realizaciones de gran envergadura, no paliativos electoreros.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com