La democracia es discusión

El país –con la excepción del arzobispo Juan Luis Cipriani– ha recibido con beneplácito la decisión del Presidente Ollanta Humala de convocar a monseñor Miguel Cabrejos, obispo de Trujillo, como facilitador de un diálogo para resolver, o intentar resolver, el conflicto de Conga.

Por Diario La Primera | 09 julio 2012 |  2.4k 
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Como en los días de su ejercicio eclesiástico en Ayacucho, Cipriani no se pone del lado de las víctimas. Llega a culpar de las muertes en Cajamarca no a quienes dispararon con armas de guerra, ni a quienes ordenaron la matanza, sino a los dirigentes regionales y locales cajamarquinos.

Algo más: el prelado condena las marchas multitudinarias de duelo y de dolor de los cajamarquinos. “Es una vergüenza”, ha dicho en RPP, “que se usen los muertos para hacer manifestaciones políticas”.

He ahí una manifestación política, de odio.

Hay que precisar que el Presidente Humala había precedido a Cipriani en esa valoración de los funerales de las víctimas, al declarar que el uso político de los muertos le da “asco”. (Como es sabido, los lingüistas suponen que la palabra asco se deriva de osicare, que en el latín vulgar significa odiar).

Es bueno recordar que en la marcha fúnebre de Cajamarca participaron la familia de los caídos, miles de ciudadanos sin partido y algunos políticos. El diario El Comercio considera que el haber permitido el entierro fue “un exceso de tolerancia”. ¿Qué quería? ¿Qué metieran bala a la multitud?

La buena nueva es que, gracias a la decisión del Ejecutivo, hoy se reúnen en Cajamarca los facilitadores –el obispo Cabrejos y el padre Gastón Garatea– con los dirigentes cajamarquinos, incluido el presidente regional, Gregorio Santos.

Ignoro si hay, de parte de Palacio, una hoja de ruta para el diálogo, ni cuál puede ser el resultado de este. Pero el inicio es ya un paso adelante.

En un país donde predomina la intolerancia, y no se cultiva la libre discrepancia, será aleccionador lo que ocurra con este diálogo. No nos alarmemos por las discrepancias. No esperemos un combate a pañuelazos verbales.

Viene al caso, creo, este párrafo del politólogo italiano Giovanni Sartori en su libro Teoría de la democracia (volumen I, p. 124):

“El dicho según el cual en la democracia estamos de acuerdo en discrepar significa realmente, cuando se explica, que: a) debemos ponernos de acuerdo sobre las reglas para discrepar y para precisar las discrepancias; y b) el desacuerdo en el ámbito de esas reglas es lo que la democracia protege y fomenta.

“Es, pues, el tercer objeto –nivel de consenso– sobre la acción política y los gobiernos, el que trae a colación el consenso como disenso y apoya la opinión vigorosamente sostenida por E. Barker de que ‘la base y la esencia de la democracia’ es ‘el gobierno mediante la discusión’.”

No se discute con armas de guerra.

Referencia
Propia



    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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