La banca rota

La quiebra de Lehman Brothers, uno de los gigantes de la banca de Estados Unidos, implica también una bancarrota de varios dogmas neoliberales. Por ejemplo, que el Estado no debe intervenir en el proceso económico y que el libre juego del mercado –“la mano invisible del mercado”– resuelve todos los problemas.

Por Diario La Primera | 17 set 2008 |    

Se viene abajo asimismo la idea de que la economía de Estados Unidos era la garantía de nuestro futuro. Lo repitieron en todos los tonos los partidarios del TLC. Ahora los economistas concuerdan en que la crisis estadounidense nos va afectar de varias maneras: menor demanda de nuestros productos y, por lo tanto, baja de sus cotizaciones; crisis del sistema financiero interno; grietas en los ingresos fiscales.

Esto se agrava porque el bajón norteamericano afecta ya la economía de todas las demás potencias, lo cual arrastra hacia abajo el precio de casi todas las materias primas.

La tormenta tendrá sin duda otros efectos laterales. Entre ellos, menores remesas de dólares desde Norteamérica, mayor desempleo local y nueva arremetida contra los inmigrantes en Estados Unidos y en Europa.

No sé si las AFPs, que se mo-rían por aumentar sus inversiones en el exterior, se van a tomar la molestia de informar qué está ocurriendo con el dinero de sus afiliados en este momento, y qué medidas van a adoptar al respecto.

El remezón ha producido un tsunami de sorpresas. Bush ha entregado 200 mil millones de dólares para el salvamento de las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac.

Como siempre sucede entre los tiburones de la banca, parte de la ruina de las dos hipotecarias se debió a que facilitaron créditos a amigotes de los directivos. Como acá ocurrió con el Banco Wiese.

Los candidatos presidenciales Barack Obama y John McCain han coincidido en denunciar ese aspecto ilegítimo y corrupto de las hipotecarias. Bertolt Brecht planteó un inalterado dilema ético cuando puso en boca de un personaje de su Ópera de dos centavos: “qué es peor: ¿fundar un banco o asaltar un banco?”.

Pero, en fin, la factura la pagarán los ciudadanos de Estados Unidos, muchos de los cuales se quedarán sin vivienda y sin empleo precisamente por culpa de las altas (mejor dicho: bajas) finanzas.

Washington declaró el lunes que no volverá a intervenir en el rescate de entidades financieras; pero todo indica que sí lo hará a favor de la gigante de los seguros American International Group (AIG).

Sabido es el peso que tiene el sistema privado de seguros, que es una vasta red mundial en que funcionan seguros y reaseguros. Si el mayor gigante mundial de este sector se desploma, provocará un cataclismo en todas las ramas internacionales del seguro privado.

Entretanto, el presidente Bush asegura que todo va viento en popa para la economía de su país. Nadie le cree.

Referencia
La banca rota

    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com