La anemia de un mensaje

El presidente Alan García expidió ayer, sobre el espionaje chileno, un discurso que tiene todas las características de su oratoria: improvisación inflamada, ausencia de severidad.

| 17 noviembre 2009 12:11 AM | Columna del Director | 591 Lecturas
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Frente a la acción descarada de Chile contra la soberanía y la seguridad del Perú, a García no se le ocurrió nada mejor que exculpar a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y sus ministros. Mariano Fernández, el canciller chileno, se ajustó a esa línea, al comentar ayer mismo el mensaje de García: “Chile no tiene ninguna participación en el espionaje”.

Cinismo evidente y previsible. Según esa versión, el espía Víctor Ariza recibía del aire los dólares enviados desde Santiago y había instalado un centro informático sólo para conversar con amigos, transmitiéndoles datos y secretos militares.

En casos como éste, cualquier mandatario con sentido de responsabilidad hubiera preparado por escrito un mensaje firme sin ser provocador, que fuera una respuesta condigna a la actitud agresiva de Chile. García, que tiene la lengua fácil para amenazar con represión a los peruanos, no dijo nada sobre el necesario reforzamiento de la defensa nacional.

García prefirió insistir en su actitud blandengue y concesiva respecto de Chile, que lo ha llevado a firmar un TLC que no nos favorece y a consentir, sospechosamente, negociados como los de Collique y el puerto de Paita.

En los últimos días se le había ocurrido una maniobra cuyo fracaso admitió ayer: “Cuando el Perú hizo una propuesta de buena fe para alcanzar un pacto de no agresión, y lograr una limitación en la compra de armas”, recibió “una respuesta destemplada y descortés por parte de algunos miembros o personajes de la política de Chile”.

Chile se va a seguir armando, mientras los García se dedican a predicar la paz. No se puede olvidar que muchas contiendas militares, incluida la Segunda Guerra Mundial, estallaron a pesar de pactos de no agresión; por ejemplo, el germano-soviético.

No se limitó a la endeblez, el doctor García. Ebrio de sí mismo y creyendo que, gracias a él, el Perú está a punto de ser un país del primer mundo, ahora invita al pueblo peruano a ver en “este acto de espionaje un homenaje a la grandeza y el crecimiento del Perú”.

De acuerdo a eso, Chile nos está homenajeando desde el siglo XIX. Su espionaje no ha cesado desde entonces. El despojo de Arica y Tarapacá fue, de acuerdo a eso, otro acto de homenaje. Homenaje similar nos rindió Chile en 1979, con otro espía peruano. Otra ofrenda fue el vender armas a Ecuador durante la guerra del Cenepa.

García demostró que su política exterior no tiene rumbo definido y que olvida que su deber elemental es hacer respetar al Perú. Esto exige firmeza, previsión y adecuado equipamiento para nuestra defensa.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com