Juventud, divino tesoro

El mensaje presidencial ha hecho dudar a muchos sobre la estabilidad neuronal de Alan García, en particular cuando dijo: “estamos construyendo” en la selva una cárcel para corruptos. Ahora se sabe que no existe ni la primera piedra de esa prisión.

Por Diario La Primera | 30 jul 2009 |    

Es una mentira que autoriza dudas respecto a otras afirmaciones del mensaje.

Una de las propuestas del presidente es reemplazar la descentralización actual por una descentralización popular.

La idea suena bien, pero hay que colocarla bajo la lupa. Su esencia ha sido enunciada así: “la mejor manera de dialogar es gastar entregando al pueblo los recursos…”.

Esa, aseguró el primer mandatario, es “la mejor manera de poner coto a cualquier protesta o reclamo”.

La idea no nace, pues, de una preocupación por la situación de los pueblos, sino de un deseo de sofocar sus protestas y movilizaciones.

Alan García reconoció en su discurso que la propuesta se inspira en el programa de Cooperación Popular lanzado por Fernando Belaúnde en su primer periodo presidencial (1963-1968).

Pero hay una diferencia. Cooperación Popular a veces daba dinero para una obra, pero no financiaba la obra en su totalidad. Recurría más a la iniciativa y el esfuerzo colectivo.

Bajo el régimen de Alberto Fujimori funcionó el Fondo Nacional de Cooperación para el Desarrollo Social (Foncodes). En sus inicios fue una fuente de corrupción y esterilidad, que empleaba el 46 por ciento en gastos corrientes (sueldos, viáticos, gastos burocráticos).

En 1995, Foncodes se convirtió en una isla de excelencia, que gastaba la casi totalidad de la ayuda exterior que recibía en obras reclamadas por las poblaciones, en las regiones de mayor pobreza en sierra y selva (puentes, caminos vecinales, regadíos). Sólo el seis por ciento iba a gastos corrientes.

Decisiva en esa transfiguración fue la jefatura del ingeniero Alejandro Afusso, un peruano con experiencia internacional en este tipo de programas.

Affuso introdujo sistemas precisos de evaluación y supervisión y reclutó profesionales de alto nivel técnico, a los que inculcó disciplina y entrega a la función.

En los tres años en que Afusso desempeñó el cargo ocurrió un fenómeno muy comentado. Fujimori se encargaba de inaugurar las obras que Afusso había proyectado y llevado a cabo.

Pero Afusso reaccionó contra la politización y el aprovechamiento oportunista de Foncodes por Fujimori, que preparaba su reelección, y eliminó a ese eficiente profesional. Organismos internacionales como el Banco Mundial expresaron su disgusto.

Ahora, en el timón de Foncodes está Carlos Arana, hombre de Mantilla y organizador de la campaña electoral de García. Por sus manos van a circular los fondos de la descentralización popular.

Sospecho que a Foncodes va a volver la era del caos y la corrupción.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com