INEI: la bamba es un frenesí

El presidente García recibió el sábado último, con júbilo, con discurso, el Segundo Informe Nacional de Naciones Unidas sobre Avances de los Objetivos del Desarrollo del Milenio.

| 21 octubre 2009 12:10 AM | Columna del Director | 723 Lecturas
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Hay, de partida, una argucia en el Informe. Sostiene que el Perú está a punto de cumplir la meta de reducción del porcentaje de pobres extremos, al bajar éstos de 23% en 1991 a 12.6% en el 2008.

De ser exacto, esto no sería mérito del gobierno aprista, puesto que a partir de 1990 gobernaba Alberto Fujimori. Más aún, y esto es decisivo, entre 1995 y 1998, el Fondo Nacional de Compensación Social (FONCODES) tuvo por jefe a Alejandro Afuso.

Este peruano de prestigio internacional, graduado en la UNI y profesor de universidades extranjeras, hizo gran parte de las obras en provincias que Fujimori inauguraba con bombos y platillos.

Afuso trazó caminos, puentes, silos para cuya construcción incorporó mano de obra local. Su trabajo a favor de los más pobres le valió reconocimiento del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo.

Renunció al cargo cuando vio que Fujimori mezclaba el esfuerzo contra la pobreza con el afán político reeleccionista.

Afuso ideó el Mapa de la Pobreza, calculando las necesidades básicas insatisfechas con base en el Censo de 1993. Era esa una dimensión física, real, no una valoración monetaria.

Ahora, el INEI se fija en el monto monetario que perciben los pobres y considera sólo los productos alimentarios que puede consumir; pero no toma en cuenta otros elementos vitales como el transporte, la vivienda, la ropa.

No hay trampa perfecta. Así tenemos que las cifras oficiales sobre desnutrición crónica de los niños, cifras que la misión de la ONU hace suyas, desnudan al final los trucos de la magia oficial.

El comité del Llamado Mundial de Acción contra la Pobreza explica, en su Informe 2009, en qué consiste la desnutrición crónica: es el agotamiento de las reservas orgánicas del cuerpo debido a una nutrición deficiente.

En tal caso, el cuerpo del niño supervive debido a que no cumple funciones indispensables como el crecimiento del cuerpo y el desarrollo del cerebro. Esto produce baja estatura y dificultades de aprendizaje.

La disminución rápida de la desnutrición infantil suscita duda razonable. La desnutrición crónica es, ante todo, irremediable y puede durar toda la vida. ¿Cómo confiar, entonces, en la disminución acelerada de ese trágico proceso?

En el informe sobre el cumplimiento de las Metas del Milenio existe este párrafo que desmiente el optimismo oficial: “En el Perú, el porcentaje de la población que se encuentra debajo del nivel mínimo de energía alimentaria –que sufre hambre– aumentó en los dos últimos años”.

En esas condiciones la desnutrición crónica no ha disminuido; la mentira crónica tampoco.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com