Incorregibles y condenados

El Presidente Alan García ha vuelto a las andadas: el miércoles 9, el día del paro, reconoció que hay insatisfacción entre los ciudadanos. Ayer, esgrimió de nuevo la monserga de que detrás del paro hay en marcha una conjura de extremistas contra la democracia.

Por Diario La Primera | 11 jul 2008 |    

Su premier, Jorge del Castillo, cegado por el odio, repite que el paro fue un fracaso, que el mitin de la CGTP en Lima sólo llenó la mitad de la plaza Dos de Mayo y –lo más grave– amenaza con castigar a los dirigentes de la central por los aislados hechos de violencia que se produjeron el día de la protesta y el reclamo.

De García y su carnal puede decirse lo que se dijo respecto a los contrarrevolucionarios de Versalles, en días de la Revolución Francesa: “No han olvidado nada y no han aprendido nada”.

¿No se han percatado de la magnitud de lo ocurrido el miércoles en todo el país? ¿No se han enterado de cuántos trabajadores del área industrial de Lima y Callao se sumaron a la paralización? ¿No les informaron que en el Callao, donde se movilizan a diario 2,500 contenedores, sólo salieron del puerto 98 contenedores? ¿No saben que todos los puertos, todos, paralizaron?

Algo más: en todas las pantallas de TV se han captado declaraciones de personas que dicen no haber parado porque necesitan su salario para comer. No es que estuvieron contra el paro. Es que, con Alan en el Gobierno, ganan apenas el pan de cada día. Es un pan sin libertad.

Condenable es que los gobernantes extraigan sólo una lección de lo ocurrido el miércoles: hay que criminalizar, hay que castigar con el juicio y la cárcel a los luchadores sindicales y regionales.

García ha dicho más de una vez que no cree en las encuestas. Ahora resulta que no cree ni en lo que ve: El alud de las masas en el proscenio de la historia, la creciente participación de mujeres y de jóvenes en ese remezón.

Si fuera exacto que las movilizaciones sociales son producto de una conspiración, querría decir que el extremismo es ya un torrente incontenible, que encarna las más diversas corrientes, demandas y esperanzas.

¿Es eso verdad? No. El torrente existe, pero no es fruto de un manípulo conspiratorio, sino resultado del fracaso de una política neoliberal y antiperuana, que gobierna para los ricos y las transnacionales.

“Los dioses ciegan a quienes van a perder”, escribió un clásico griego. Pero Francis Bacon, el inglés que introdujo la modernidad y el método inductivo en la ciencia, acuñó un concepto menos fatalista: “Aquel que no quiera aplicar remedios nuevos debe esperar males nuevos”.

Lo que queda claro es que el régimen actual no quiere aplicar remedios nuevos. Sus vínculos con el pasado de privilegios, corrupción y abuso son irrompibles.

Pero las movilizaciones del miércoles indican en manos de quiénes está el futuro del país.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com