Hurtado, el condecorado

Telmo Hurtado era un teniente del Ejército cuando dirigió una de las matanzas más horrendas en la historia de la violencia peruana: la de Accomarca, cometida el 14 de agosto de 1985 (Alan García acababa de asumir la presidencia de la República).

| 14 octubre 2009 12:10 AM | Columna del Director | 511 Lecturas
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Un tribunal militar juzgó a Hurtado y lo condenó a seis años de prisión. Para entonces, Hurtado había ascendido a capitán. Luego sería condecorado tres veces y felicitado por el general Nicolás Hermoza. Después, García lo nombró miembro de la misión militar del Perú en Estados Unidos.

En Washington, particularmente en el Pentágono, debe de haber anudado buenas amistades. Esto último puede explicar por qué el Departamento de Estado y los militares estadounidenses boicotean –como lo sostiene la abogada de los deudos de Accomarca– la extradición de Hurtado.

La hazaña del ahora mayor Hurtado fue un episodio de cobardía y crueldad.

Se perpetró en la comunidad de Accomarca, en la provincia ayacuchana de Vilcashuamán. Los militares consideraban que ese pueblo apoyaba a los subversivos de Sendero Luminoso. Pero no encontraron ni mataron a ninguna persona armada.

Los soldados dirigidos por Hurtado reunieron a los pobladores, con el pretexto de realizar una asamblea. Luego los ametrallaron. Según testigos que se habían refugiado en las alturas, Hurtado culminó la acción lanzando granadas. No quería sobrevivientes.

Los asesinados de Accomarca fueron 69: 30 niños, 27 mujeres y 12 varones, ancianos casi todos.

El jefe de la acción era un de-

salmado. Cuando, el mismo 1985, una comisión investigadora del Senado, presidida por Javier Valle Riestra, lo entrevistó, no mostró signos de pesar o arrepentimiento. Incluso justificó el asesinato de niños, porque, según él, los comunistas adoctrinaban a sus prosélitos desde temprana edad.

La matanza de Accomarca se produjo dos semanas después de la asunción del poder por García, y el mandatario podía alegar que no la había ordenado. Pero en las siguientes semanas continuaron los asesinatos en esa zona, con el propósito visible de eliminar testigos.

La responsabilidad de García resultaba así ineludible. El 8 de setiembre, fuerzas castrenses mataron a Brígida Pérez y a su hijo Alejandro Baldeón, testigos de la masacre. El 9 de setiembre, militares del cuartel de Vilcashuamán detuvieron a Martín Baldeón Ayala, de 66 años. A diario, su esposa, Paulina Pulido, le llevaba alimentos al cuartel. El 16 de setiembre, ella fue detenida. Los dos esposos desaparecieron para siempre.

Telmo Hurtado sabe por qué teme a la justicia y por qué el gobierno de Washington no da la oerden para la extradición acordada por la Corte Federal de Miami el 21 de mayo último. Sabe también quiénes le dieron la orden de matar.

Hurtado sigue siendo el cobarde que en agosto de 1985 masacró a campesinos indefensos.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com