Huelga con huellas

La jornada proletaria de Europa contra los ajustes y la política de austeridad consistió en algo más que huelgas generales, marchas masivas en 87 ciudades de 25 países y choques entre obreros y fuerza pública. El hecho de que fuera convocada por la Confederación Europa de Sindicatos (CES) expresa un alto grado de unidad.

| 16 noviembre 2012 12:11 AM | Columna del Director | 1k Lecturas
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El domingo próximo, el Presidente Ollanta Humala debe visitar Lisboa, la capital portuguesa, para entrevistarse con el presidente conservador Aníbal Cavaco Silva. No es seguro que la bella Lisboa lo reciba con los brazos abiertos. Hace tres días vi en el noticiario de Telesur cómo jefes y oficiales en actividad de la Policía, el Ejército y la Marina de Portugal se adherían a la protesta sindical. El contralmirante que encabeza esa línea dijo: “los militares no serán más instrumento de represión contra el pueblo”.

Esa actitud enérgica me trajo a la memoria la Revolución de los Claveles de 1974. Esa rebelión unánime de los militares de Portugal derrocó a la dictadura más longeva de Europa, que se había instaurado medio siglo antes, en 1926, bajo la dirección del fascista Antonio Oliveira Salazar, personaje siniestro que tenía admiradores en la extrema derecha peruana. La insurrección militar asumió carácter anticolonial y llegó a impulsar gérmenes socialistas.

Augusto Praca, dirigente de la CGTP, la central obrera portuguesa, condensó en pocas palabras la razón de la protesta: “Sólo se puede pagar lo que se debe si hay crecimiento económico. Cualquier política que no busque la cohesión aboca a la miseria a los países rescatados”.

Lo cierto es que la jornada europea ha dejado huellas inmediatas y engendra resultados imprevisibles.

La conmoción huelguística resucita la fórmula con que Karl Marx y Friedrich Engels encabezaron su Manifiesto Comunista de 1848: Proletarier alle Länder, vereignet euch! Proletarios de todos los países, ¡uníos!

Aspecto notable es que los sindicatos moderados, en general dirigidos por la socialdemocracia y el socialcristianismo, se han visto arrastrados, por la fuerza del abuso y el desempleo, a plegarse a las medidas de los órganos clasistas. Caso típico es el de la Unión General de Trabajadores de Portugal, cuyo secretario general, João Proença, declaró que su central no se uniría a la huelga, pero al final se sumó, quizá porque sus propias bases le mostraron, en las calles, el camino.

Los hechos demuestran que no se puede gobernar sin los trabajadores, y menos contra los trabajadores. Bernadette Segol, secretaria general de la Confederación Europea de Sindicatos, ha trazado la perspectiva: “La CES pide un contrato social para Europa con un verdadero diálogo social, una política económica que favorezca los empleos de calidad y una solidaridad económica entre países europeos. Hay que cambiar el rumbo sin demora”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com