Historia de dos bandidos

Hace medio siglo existía en Lima el semanario “Clarín”, dedicado a la calumnia y el chantaje. Era capaz de denunciar el hallazgo de un ratón en la botella de una gaseosa X. La fábrica no le había querido pagar el silencio sobre esa denuncia prefabricada.

| 15 marzo 2012 12:03 AM | Columna del Director | 3.5k Lecturas
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De pronto le salió un competidor: otro semanario, el cual se consagró a atacar restaurantes y hoteles chinos. A los últimos los exhibía como prostíbulos encubiertos; a los primeros, como focos de suciedad y engaño alimentario.

Un buen día, ambos se encontraron al pie de sus automóviles en una calle de Lima. Empezaron a insultarse: ¡Estafador! ¡Chantajista! ¡Rufián! ¡Explotador de putas y de chinos!

Fue un intercambio soez y sonoro. Parecía que iba a durar largo rato, porque ambos tenían un nutrido prontuario.

De pronto, uno de ellos cambió de tono, y dijo: “Oye, si todo lo que nos decimos es cierto, ¿por qué no nos unimos?”.

El pacto está inscrito en la crónica roja de la ciudad. Provocó risa en el medio periodístico.

En el periodismo, la literatura y la política se han dado casos similares. Pertenecen al campo de la historia y la picaresca.

Salvando todas las distancias, en nuestro Congreso ocurrió ayer un pugilato verbal que estuvo a punto de convertirse en intercambio de puñetes y puntapiés.

Sucedió en la Comisión de Fiscalización del Congreso cuando se discutía el caso del Banco de Materiales, que el Apra convirtió, en todo el país, en un nido de ratas.

Mauricio Mulder, del Apra, exasperó a su colega fujimorista Héctor Becerril, al declarar que el fujimorismo no tenía autoridad para establecer si se elimina o no el Banco de Materiales, puesto que había dictado leyes en desmedro de la institución.

Becerril se puso cerril, y apuntó que el Apra es un partido corrupto, que había reducido a polvo los millones de un banco creado para facilitar la construcción de viviendas por personas de bajos recursos económicos.

Mulder se encrespó y exigió a gritos que Becerril retirara sus palabras. Allí ardió Troya. Los protagonistas se agarraron a insultos. La palabra corrupto fue arma arrojadiza para ambos contendores. Las invocaciones del presidente de la Comisión, Martín Belaunde, no calmaron ánimos. Una carcajada colectiva estalló cuando él pidió que los contrincantes retiraran sus palabras, simultáneamente. Al dúo vocal le faltaba ensayo.

La reunión fue suspendida porque amenazaba convertirse en una sesión de box populi. Cuando se reanudó, se recomendó la liquidación del Banco.

Terminado el segundo round, Mulder arguyó que la banca privada está interesada en eliminar el Banco de Materiales. Omitió recordar que el latrocinio de sus compañeros había arruinado el Banco y estimulado la codicia de los banqueros.

Apra y fujimorismo no tardarán en concordar respecto al Banco.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com