Histeria con historia

A partir del 28 de julio, el país ha visto un coro de furias destempladas que despotrican contra la invocación que Ollanta Humala hizo al espíritu y los valores de la Constitución de 1979. Esa Constitución fue violada por Alberto Fujimori, mediante un golpe militar que la anuló. La Carta había sido aprobada por un Congreso Constituyente y en su redacción habían participado Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Bedoya Reyes.

| 31 julio 2011 12:07 AM | Columna del Director | 1.2k Lecturas
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Fujimori pisoteó esa Constitución legítima, cuya sola mención altera la calma de unas señoras al borde de un ataque de nervios. Esa Constitución condenaba por adelantado toda violación de su mandato. Fujimori, con la complicidad de Vladimiro Montesinos y de la cúpula del Ejército, disolvió el Congreso de la República y desconoció el Poder Judicial.

Aparte de la reacción insana de Martha Chávez y Luz Salgado, fujimoristas recalcitrantes, hay que colocar el caso bajo la luz de la intención provocadora y golpista. Esas congresistas avalan todo lo que hizo y deshizo el ladrón y asesino Fujimori. Ellas sí pueden jurar por Fujimori, pero el Presidente Humala no debe, según ellas, impetrar el espíritu de una Constitución que prevenía contra golpistas.

La congresista Cecilia Chacón dio, por su parte, en el programa televisual de Jaime de Althaus, otro espectáculo de frenesí y de odio. Doña Cecilia debe estar desesperada al pensar que ha perdido la presidencia de la Comisión parlamentaria de Energía y Minas, comisión que es una verdadera mina.

Esa comisión se la dejó en herencia, en el anterior Congreso, Santiago Fujimori, un abogado que siempre sacó 20 en aprovechamiento.

Las congresistas Chávez y Salgado han sido desautorizadas por el congresista Kenji Fujimori. Ha señalado él que las dos portavoces del odio no han actuado en función de la bancada fujimorista, sino a título personal.

Vale el deslinde. No se debe olvidar, sin embargo, que Martha Chávez y Luz Salgado fueron bajo Fujimori cómplices y encubridoras no solo de la política neoliberal que amparó la corrupción, incluso en la compra de armas para la defensa nacional, sino también de crímenes como el de La Cantuta. Su contubernio con los traficantes de armas y hasta de drogas hace que sean la voz de sectores egoístas que no quieren ni el menor cambio, y de mandos militares comprometidos en violaciones de los derechos humanos y en robos y masacres.

Por eso mismo hay que calibrar esas voces chillonas, que hasta amenazan con golpes de Estado. Y, sobre todo, hay que denunciar el peligro que entrañan. Bajo el gesto descompuesto y el lenguaje zafio hay que ver el síntoma de una reacción que no ha olvidado nada, ni aprendido nada. No son piezas sueltas. Los ciudadanos deben destapar sus vínculos y sus afanes, y montar guardia en defensa de sus derechos y sus esperanzas.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com