Heraldos negros de la muerte

El Decreto Supremo que establece las Reglas de Empleo de la Fuerza por las Fuerzas Armadas y que firman el Presidente de la República, Alan García, y el ministro de Defensa, Antero Flores Aráoz, es una amenaza de muerte contra los derechos humanos y contra los humanos mismos.

Por Diario La Primera | 23 jul 2008 |    

Es, además, violatorio de la Constitución y constituye una amenaza dictatorial contra las libertades públicas. Busca refrenar y aplastar mediante las armas el creciente descontento ciudadano, en particular el de los trabajadores de la ciudad y el campo.

Propone, por otra parte, convertir a las Fuerzas Armadas en verdugo del pueblo, involucrándolas en fines y tareas que no son los que le asigna la Constitución. Desde la época del fascista Luis M. Sánchez Cerro, en los años treinta, no se había cernido sobre el Perú una amenaza tan grave de violencia y masacres, capaz de encender pasiones de odio contra la institución castrense.

Un militar de experiencia probada con las armas, el general (r) Roberto Chiabra, ha señalado aristas amenazantes para las Fuerzas Armadas y la sociedad civil.

Chiabra recuerda que el control del orden interno corresponde a la Policía Nacional y que sólo en estado de emergencia cede ese papel a las Fuerzas Armadas.

Así lo establece el artículo 137 de la Constitución, el cual expresa que el estado de emergencia se puede decretar “en caso de perturbación de la paz o el orden interno, de catástrofe o de graves circunstancias que afecten la vida de la Nación”.

El estado de emergencia se dicta para confrontar, precisamente, una emergencia. Por eso, la norma constitucional prescribe: “El plazo de estado de emergencia no excede de sesenta días. En estado de emergencia las Fuerzas Armadas asumen el control del orden interno si así lo dispone el Presidente de la República”.

El Decreto Supremo publicado el domingo 20 de junio busca implantar un estado de emergencia permanente. Contradicción en los términos, aberración autoritaria.

Lo que busca esa medida es asesinar, a balazos, las protestas y movilizaciones, que van en ascenso.

Las definiciones del Decreto de los dos heraldos negros que nos manda la muerte –García y Flores Aráoz– delinean su propósito. Su propósito siniestro.

Las enormidades saltan a la vista. Por ejemplo cuando autoriza “el empleo de la Fuerza letal para detener vehículos que violen las restricciones de tránsito establecidas”. O, también cuando llama al empleo de la Fuerza letal para recuperar el control de los Servicios Públicos Esenciales o Puestos Críticos Vitales”.

La obsesión es meter bala. El “demócrata” García busca convencernos de que la expresión Fuerzas Armadas quiere decir Fuerzas Letales; es decir, mortíferas.

El hombre que ordenó la matanza de El Frontón quiere repetir la historia.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com