Hay payasos y payasos

Los payasos de veras, esos que hacen reír bajo la carpa, han pedido al Congreso de la República que establezca el 25 de mayo como Día del Payaso.

| 27 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 1.8k Lecturas
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Nuestros payasos no han acudido a los padres de la patria para reclamar por competencia desleal. Aunque en algunos casos hablar de congresistas y de payasos resulta redundante.

No es éste un descubrimiento sensacional. Casi todo el mundo está de acuerdo en que en las últimas décadas se han instalado en el Palacio Legislativo, aparte de coimeros tarifados, ilustres desconocedores de la historia, la literatura, la lógica y la gramática. Años atrás escribí que el cantinflismo era el bien mejor distribuido del Perú.

Hace pocos años escuché a Alan García trazar una síntesis de la filosofía mundial, que era para morirse de risa. Es el mismo personaje que despotrica contra quienes aprovechan del poder para labrar su fortuna personal.

Los payasos aficionados no visten, como los profesionales, un traje que parece el forro de un colchón lleno de paja (paglia en italiano). Ese era el atuendo tradicional de los payasos: su vestimenta evocaba un colchón.

Carlos Monsiváis ha contado, en una de sus crónicas magistrales, cómo empezó Cantinflas en el circo. Por falta de un actor, Cantinflas pronunció un discurso. Al final preguntó a su concuñado qué tal lo había hecho. “Nadie ha entendido nada, pero se están matando de risa. Sigue”.

En el fondo, Mario Moreno es un médico innato. Sabido es que la acción de reír genera endorfina, sustancia que favorece la salud. Es por eso que entre los payasos existe el género payaso doctor, el cual suele ser llamado a hospitales, a fin de acelerar la curación de pacientes.

Soy antiguo adorador del circo. De niño, y aún de adolescente, fui el más escandaloso reilón de las graderías circenses. He gozado de maestros como Lechuguín, que nos decía a los chicos que su abuela era una mujer bondadosa: cuando sus libros y cuadernos estaban sucios, ella los lavaba y planchaba, y quedaban como nuevos.

Con el tiempo y las aguas, viví en Moscú dos años. Acudí allí al circo ruso donde actuaba Karandash, quizá el payaso más genial de todos los tiempos. No en vano en la Rusia soviética, el arte de payaso se estudiaba durante cinco años. Esos artistas podían actuar como acróbatas, músicos, mímicos, actores, domadores.

La revista francesa Paris-Match publicó hace 40 años, a página completa, la foto de un millonario estadounidense cincuentón que había desaparecido. En realidad, había huido de su hogar y sus empresas para plasmar un sueño que abrigaba desde la niñez: ser payaso de circo. Lo encontró la policía bajo una carpa. En ese momento, rompió a llorar, como un niño.

Me adhiero a la idea de fijar el Día del Payaso, del Payaso en serio, de esos que hacen reír, en vez de dar pena, o cólera.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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