¿Hacia dónde va el periodismo?

Mencioné ayer, levemente, el libro que con el título que parodio han publicado la Corporación Andina de Fomento y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una veta de oro para los periodistas y para el público. Ya en la introducción se nos brinda una reflexión de Jaime Abello Banfi, director ejecutivo de la Fundación: “Recomendamos a quienes crean que pueden hacer otra cosa, se salgan de un oficio que normalmente es mal remunerado y en algunos países peligroso”.

Por Diario La Primera | 02 oct 2008 |    

Los ensayos del volumen clavan la mirada en algunos de los problemas que corroen el periodismo: pérdida de independencia; amarillismo que apunta contra personas, no contra males colectivos; banalización que todo lo reduce a intrascendente chisme y episodio suelto; ausencia de contexto.

Esto último es factor nocivo. Escribe Joaquín Estefanía, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Autónoma de Madrid: “Nuestra misión es crear valor añadido mediante el contexto y el análisis. Lo que proporciona fundamentalmente es ese contexto. La prensa-espectáculo es la responsable directa del hartazgo de los lectores, del abstencionismo público y del declive de la política en la sociedad de la información”.

Estefanía exhibe un caso de maléfica concentración de la propiedad de los medios. En 2003, recuerda, el diario The Guardian publicó un estudio sobre los 175 directores de medios que son propiedad de Rupert Murdoch titulado La voz de su amo: todos han estado a favor de la guerra contra Irak.

El especialista en medios Roy Greenslade admitió que Murdoch “posee una habilidad infalible a la hora de escoger en todo el mundo directores que piensan justamente como él”.

Carlos Monsiváis, el cronista mayor de nuestra América, escribe intensas páginas sobre la radio y la televisión en América Latina. Señala allí los abismos de ignorancia en que se hunde la profesión. La ausencia de contexto es lo que el poeta mexicano José Emilio Pacheco llama “las alusiones perdidas”. Sin conocimiento de la historia, de la literatura, de la economía, de las artes populares o “selectas”, el periodismo se rebaja a la condición de instantánea improvisada y con poca luz.

Cuando concluía estas líneas me llega desde Costa Rica un correo electrónico de Víctor Hurtado en el que agradece la mención que de él hice ayer, y aporta esta glosa:

“Tienes razón en cuanto a la exigencia de cultura impresa. El cuartillero es lo que queda de un periodista cuando le quitan los libros (o cuando él mismo se los quita desde el primer día). El periodista sin libros es como el ballet al que le arrebatan la música: se reduce a danza (¡ay!) ‘contemporánea’. La lectura es el hábito que hace al monje”.

Y agrega: “En fin, no desmayemos porque para desmayarse, ya está la política alimentaria del Gobierno”.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com