Hacia el Estado policial

Crece la indignación nacional e internacional, a medida que aumenta los días de encarcelamiento inconstitucional e injusto contra ocho peruanos acusados de terroristas por el mero hecho de haber acudido a una cita bolivariana en Quito.

| 05 abril 2008 12:04 AM | Columna del Director | 398 Lecturas
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Nuestro diario publicará mañana la protesta de artistas, intelectuales y luchadores sociales de varios países que rechazan el encarcelamiento de esas personas (siete mujeres y un varón).

En el propio interior del país se multiplican las manifestaciones contra la conducta policial y judicial del régimen de Alan García. En Huancayo, se ha convocado para este lunes 7 una Vigilia por la libertad de las tres mujeres huancas detenidas.

Al mismo tiempo, hay que denunciar el trato realmente criminal que se da a las presas en el penal de máxima seguridad de Santa Mónica. El pabellón en que las han colocado es el destinado a las delincuentes de alta peligrosidad. Cuando las detenidas políticas bajan por sus alimentos o para realizar sus caminatas (dos horas en la mañana y dos en la tarde) son acosadas y acechadas por las comunes, que hasta han intentado violar a una de las jóvenes.

No es el único abuso irritante. Hay también graves problemas de salud. Carmen Azparrent, de 55 años, secretaria de la Mujer de la CGTP de Huancayo y militante del PC Unidad (es hija del alcalde de Huamanga Fermín Azparrent, asesinado por Sendero Luminoso en 1989), padece cáncer a la piel. También María Socorro Gabriel Segura, 51 años, militante del Movimiento Nueva Izquierda, necesita de una operación de urgencia. Guadalupe Hilario Ribas, 58 años, de la Federación de Campesinos Indígenas de Junín, sufre de cáncer al útero, recibía quimioterapia y en la prisión le han suspendido el tratamiento.

El caso más resonante es sin duda el de la joven poeta Melissa Patiño, que viajó a Quito por conocer esa bella ciudad, y aprovechó que el invitado con quien trabaja en programas culturales no podía acudir, y le cedía el lugar.

No se detienen allí los atentados contra los derechos humanos cometidos por el macarthismo aprista. El juez de jurisdicción superespecial ha dictado un auto apertorio de instrucción en que se presume que las presas son terroristas porque “tienen ideas marxistas, maoístas, guevaristas”.

He ahí un amasijo confuso, dictado por la ignorancia y el odio. En primer lugar, por vía de ejemplo, no todo marxista es maoísta, ni todo guevarista, maoísta.

Mucho más grave que la inepcia, es el atentado contra la Constitución. El Artículo 2º, en su inciso segundo, es terminante: “No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión”.

Esos principios bastan para condenar el juicio y exigir la libertad inmediata de las siete mujeres y el varón detenidos.

Esta es una batalla para impedir que se imponga el Estado policial.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com