Gorilas a la jaula

Honduras es hoy, debido al golpe gorila, una prueba de fuego para la democracia en América. El “presidente” Roberto Micheletti es apenas un títere de la oligarquía hondureña, un títere ridículo cuando se le escucha decir que el cuartelazo es en defensa de la legalidad.

| 30 junio 2009 12:06 AM | Columna del Director | 409 Lecturas
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Los golpistas han demostrado su temple democrático al reprimir al pueblo en cólera y establecer una censura cerrada sobre prensa, radio y televisión, y aún la Internet.

Sus métodos son tan transparentes que sacaron al presidente legítimo Manuel Zelaya con amenazas de muerte.

La condena al golpe ha sido unánime. Hasta el gobierno de Estados Unidos se ha sumado, lo cual marca una novedad histórica.

Honduras lo sabe por dura experiencia. Gran parte de su pobreza y retraso económico se debe a dictaduras sanguinarias instaladas, siempre, con el apoyo de Washington, para defender los intereses de la United Fruit.

Hace 65 años, el 6 de julio de 1944, se efectuó en Tegucigalpa una manifestación que reclamaba libertad y mejoras salariales. Tiburcio Carías, el dictador impuesto por la United, ordenó disparar contra la multitud. Murieron cien manifestantes, sobre todo mujeres.

Cuando se denunció la matanza, Carías explicó: “En efecto, hubo sangre en las aceras. Las mujeres manifestantes estaban menstruando”.

Los golpistas y su pelele sostienen que su asalto se ha realizado por orden de la Corte Suprema y el Congreso.

Sobre los congresos “democráticos” sabemos mucho en América Latina. Por otra parte, la Constitución hondureña sí autoriza consultas como las que Zelaya se proponía llevar a cabo.

Es probable que la CIA haya estado detrás de la conjura. La experiencia histórica muestra sus mecanismos. En Irán, en 1953, la agencia armó un golpe para derrocar al primer ministro Mohammad Mosaddeq, que había nacionalizado el petróleo. El 30 de mayo de 1961, la CIA organizó el asesinato de Rafael Leónidas Trujillo, el dictador dominicano que 31 años antes los marines habían instalado en el poder, pero que ya no servía a los intereses del imperio.

En Chile, el golpe de Pinochet, en 1963, fue organizado por la CIA, bajo instrucciones del Secretario de Estado Henry Kissinger.

No siempre esas acciones son consultadas con el jefe de la Casa Blanca o el Congreso.

No se puede evitar la conclusión de que el golpe hondureño responde al ánimo reaccionario y proimperialista de las oligarquías continentales, cegadas por el odio a los regímenes de Cuba, Venezuela, Ecuador y Bolivia, hacia los cuales el presidente Zelaya había iniciado un acercamiento.

El pueblo hondureño, con el apoyo de los demócratas del mundo, terminará por arrojar del poder a los militares vendepatrias. Es posible que la lucha popular, en contragolpe, se trace ahora metas más radicales que la defensa del orden institucional.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com