González Prada: ¡Presente!

Cuando el príncipe Giuseppe Tomasi di Lampedusa escribió en El Gatopardo su frase: “si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie” no se refirió, por cierto, al Perú. Acá, nuestros gobernantes consideran que para que todo siga igual no hay que cambiar nada. Nuestros congresistas, tan depreciados, lo demuestran.

Por Diario La Primera | 24 jul 2008 |    

Hace cien años, Manuel González Prada publicó Horas de Lucha, libro actual y adivinatorio. Pues bien, en estos días, los legisladores Carlos Torres Caro y Gustavo Espinoza Soto parecen pintados en esta frase del Maestro:

“Volvemos a preguntar ¿de qué nos sirven los congresos? Sirven de prueba irrefragable para manifestar la incurable tontería de la muchedumbre, al dejarse dominar por una fracción de gentes maleables, a medio civilizar y hasta analfabetas, sin la más leve inclinación a lo bello ni a lo justo, con el solo instinto de husmear por qué lado vienen los honores y el dinero”.

Ningún cambio modificó el diagnóstico. Al contrario, el mal ha empeorado. Torres Caro, en diálogo con su colega Espinoza, pronunció estas palabras que, grabadas en bronce, deberían ser colocadas a las puertas del Congreso: “Antes que pensar en el bienestar del país tiene que estar el bienestar tuyo”.

No adjudiquemos sólo a la derecha clásica o presente el vicio marcado a fuego por el gran rebelde. Muchas personas padecen acá la peste del acomodo. Y, para una parte de ellos, la única vía disponible de ascenso social está en el Congreso de la República.

En la era del Perú oligárquico existía el Partido Civil, partido conservador por excelencia; pero que al menos se preocupaba por presentar como candidatos al Parlamento a abogados vistosos y consagrados literatos.

Ahora, en cambio, en medio de una honda crisis de los partidos, la selección no toma en cuenta siquiera la gramática, ya que ideales, ideas y programas están demás. En muchos casos, basta con abonar una buena suma para ingresar al paraíso de los precandidatos. De allí se puede pasar a repanchigarse y dormir en una curul.

Los resultados están a la vista. Un Congreso con apenas 12% (¡ !) de aprobación; congresistas que cambian de camiseta, de opinión y de bancada de la noche a la mañana. El peor número de ese espectáculo circense lo dio un grupo que llegó al Congreso gracias a Ollanta Humala. ¡Hay que escoger mejor a los reclutas, comandante!

La moraleja estaba ya en González Prada: en el Perú hay demasiados aspirantes a congresistas que quieren serlo sin más motivo que la oportunidad de figuración y de dinero.

Abelardo Gamarra “El Tunante” algo escribió, en son de burla, sobre esto. Para reflejar a los congresistas de hoy se necesita una pluma de acero con punta de sátira, o el paciente, penetrante, trazo histórico del príncipe de la pequeña isla de Lampedusa.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com