García, socio energético de Bush

La amistad entre George W. Bush y Alan García no es sentimental. Proviene de un flechazo comercial. La familia Bush es propietaria de Hunt Oil, una de las empresas que se benefician con la política energética del gobierno peruano.

| 06 junio 2008 12:06 AM | Columna del Director | 442 Lecturas
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Difícil es suponer que se trata de un amor platónico.

El Presidente que quiere vender electricidad a Chile sobre la base del gas de Camisea, es tan, tan prochileno, que ha provocado la reacción en contra de la ultraderechista Lourdes Flores. Ella ha precisado que el gas debe servir no sólo para el consumo interno actual, sino también para las necesidades futuras del país.

Juan Valdivia, ministro de ­Energía, contradice, por su parte, al Presidente, pues considera que si se vende energía eléctrica a Chile, ésta debe provenir de hidroeléctricas, cuya fuente energética es duradera, y no del gas, que es recurso no renovable.

Pero en el caso García el ­amor por Chile es ciego. Sospechosa es asimismo su actitud de sometimiento a las empresas de energía, todas las cuales son extranjeras, con excepción de PetroPerú.

Esto incluye verdaderos crímenes contra la economía del país y el bolsillo de los ciudadanos, con agujeros grandes para el de los taxistas.

Es así porque, por ejemplo, Chile, que carece de petróleo, nos vende gasolina y diesel a través de Repsol. El origen es el petróleo peruano que se envía a la refinería de Repsol en Chile. El producto importado se cotiza a precios internacionales. El costo de producción de petróleo en nuestra selva es de 12 dólares por barril, pero los peruanos pagamos 130 dólares por cada barril que Repsol importa.

Si esto no equivale a un asalto en despoblado, confieso que no sé cómo describirlo.

Con esa política, que se extiende al plano general de la ­economía y que favorece a monopolios y oligopolios extranjeros y nacionales, no es posible reducir la pobreza. Lo que se llevan los amigotes de García se sustrae directamente de los ingresos de los ciudadanos.

Por eso resulta difícil, si no imposible, creer en las cifras del régimen sobre reducción de la pobreza. O en las encuestas ­amañadas sobre la popularidad de García. En estos días, las ­amas de casa pueden llenar cuadernos de agravios, desmentidos y cóleras al respecto.

Como alguien ha dicho, si el número de pobres ha bajado debe de ser porque muchos han muerto.

Cuán lejos está el actual Mandatario del secretario general del APRA (el mismo García), que en marzo de 1983 escribió, en un Mensaje a la Nación:

“Se requiere terminar claramente con la política de alineamiento con los Estados Unidos y de sometimiento a los dictados del exterior, con la inútil esperanza de recibir así amplio flujo de inversiones extranjeras.”

Ahora, su esperanza consiste en ampliar el flujo de utilidades de las transnacionales.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com