Fujimorismo es violencia

Mientras el abogado de Alberto Fujimori exhibía en todas los medios de comunicación la peregrina tesis de que el ex dictador no era partidario de la violencia, los seguidores del peruano falsificado demostraban que el fujimorismo es una expresión brutal de la violencia.

Por Diario La Primera | 30 ago 2008 |    

La agresión del fujimorismo contra ciudadanos que, con motivo del quinto aniversario del Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, recordaban a las víctimas de la guerra sucia demostró ayer que las palabras del abogado de su patrón se las lleva el viento; pero el ánimo de intolerancia y abuso se mantiene en pie y garrote en mano.

Tan grave como eso es que la policía no desplegara la fuerza contra quienes fomentaban el desorden, sino que más bien los protegiera.

El garrote sigue siendo el argumento principal de los fujimoristas.

Su agresión constituye una forma de castigar la memoria de los ciudadanos.

Ese propósito indica que el poder político --Alan García, Luis Giampietri, Jorge del Castillo, Alberto Fujimori-- no quiere superar los traumas de la violencia. No buscan, en otras palabras, la reconciliación.

El año pasado, el Centro de Estudios y Publicaciones, una organización católica, publicó el libro La reconciliación en el Perú. Condiciones y Desafíos. El volumen contiene, entre otros ensayos, uno del sacerdote estadounidense Robert Scheiter, miembro de los Misioneros de la Preciosa Sangre y profesor de Teología en la Unión Teológica Católica de Chicago. Recordaba éste el trabajo de la Comisión de la Verdad de Sudáfrica.

Notable es esta conclusión del religioso: “La reconciliación social debe tener en cuenta la sanación individual; aun así, ha de tomar en consideración las dimensiones sociales que son mucho más amplias. Por tal razón, la reconciliación social ha llegado a definirse de la siguiente manera: emprender acciones que impidan la reproducción de la violencia”.

Tres lecciones centrales desprende Scheiter de la experiencia sudafricana: Una es que no hay que concentrarse sólo en el examen de la violencia; hay que ubicar las causas de ésta. Dos: comprender que los escenarios y consecuencias de la violencia no son iguales en todas partes.

“Tercera y última lección”, escribe nuestro autor. “La sanación de los grupos ofendidos, así como el reconocimiento y castigo de aquellas personas que han cometido actos de violencia, no son suficientes para alcanzar la reconciliación social. Hay que idear y poner en práctica métodos que lleven a ambas partes a un tipo de interacción diferente”.

El teólogo recuerda que el concepto de verdad tiene raíces en las Escrituras Hebreas. “Una cultura de la verdad es una cultura donde es posible la confianza”.

En el Perú de hoy, la mayoría no quiere que la confianza se imponga a garrotazo limpio.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com