Fujimori conserva el pulso

El exdictador Alberto Fujimori pide, con saludable caligrafía, que se convoque a una Junta Médica ampliada; es decir, que incluya a los médicos que lo trataron del cáncer y la depresión. Es una forma de insistir en el indulto “por razones humanitarias”. Quiere el reo reanimar una compasión que está decreciendo.

| 14 diciembre 2012 12:12 AM | Columna del Director | 914 Lecturas
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Las líneas de trazo firme con que se dirige al Instituto Nacional Penitenciario hablan de un cáncer, mal que en verdad nunca lo ha afectado.

En todo caso, tampoco la depresión parece afectarlo. El consuelo espiritual que le brinda, continua y prolongadamente, la congresista María Cordero acaricia sin duda sus nervios. Se muestra malagradecido al invocar su depresión como elemento de juicio médico. Más que junta médica, debería pedir más juntas con doña María.

La carta de Fujimori es parte de un operativo político ideado no solo por sus hijos, sino también por círculos poderosos que usufructuaron la dictadura, y se enriquecieron a la sombra de sus abusos y su corrupción.

Fujimori ha sido condenado por crímenes contra los derechos humanos. En la Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema se le incriminó por dos masacres perpetradas contra inocentes: la de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de Educación La Cantuta y la de 15 vecinos de una casa de vecindad de los Barrios Altos. Ese hecho, ejecutado por orden de Fujimori, fue calificado como delito de homicidio por alevosía. No se probó –no se podía probar– que las víctimas de La Cantuta y de Barrios Altos fueran terroristas.

En el caso de Barrios Altos, la justicia arribó a la conclusión de que la matanza fue autorizada por el general EP Juan Nolberto Rivero Lazo y Vladimiro Montesinos, asesor y cómplice de Fujimori.

La Corte llegó a la convicción de que el acusado Fujimori Fujimori “era informado de los actos que cometía el Grupo “Colina”.

Fujimori titula sus escritos con el pomposo título de “Memorias desde mi encierro”. ¿Encierro? Vamos, más exacto sería el epígrafe “Mensaje desde mi casa de campo”.

Encierros son los que padecieron miles de peruanos –muchos de ellos inocentes– por orden del régimen liberticida, ladrón y antiperuano que él manejó con mano férrea.

Encierros de verdad (carcere duro) padecieron en el pasado, sobre todo en el siglo XX, líderes políticos y exgobernantes: El joven Víctor Raúl Haya de la Torre, dirigente estudiantil en 1923, en una jaula del Panóptico, bajo la dictadura de Augusto Bernardino Leguía, y otra vez en 1932, bajo la tiranía de Sánchez Cerro.

Encierro, encierro cruel, sufrió Leguía, al ser derrocado en 1930. Era un hombre viejo, gravemente enfermo, pero lo maltrataron ferozmente.

No proponemos que se aplique a Fujimori la ley del Talión, la venganza, pero creemos que no se le debe otorgar la gollería adicional del indulto.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com