Feliz día, poesía

En 1999, la Conferencia General de la Unesco (siglas en inglés de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) estableció el 21 de marzo como Día Internacional de la Poesía. “La poesía”, proclamó, “contribuye a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la manera en que usamos las palabras y las cosas, nuestros modos de percibir e interpretar la realidad.”

| 21 marzo 2013 12:03 AM | Columna del Director | 1.3k Lecturas
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“Merced a sus asociaciones y metáforas, y a su gramática singular, el lenguaje poético constituye otra faceta posible del diálogo entre las culturas”, reflexionó la Unesco.

Grandes poetas franceses han definido el papel de la poesía. Mallarmé enunció que el poeta arranca “un sonido más puro a las palabras de la tribu”. Y René Char, en Fureur et mystère, define así la función del poeta: “Tú eres en tu esencia constantemente poeta, constantemente en el zenit de tu amor, constantemente ávido de verdad y de justicia.”

En esta celebración acuden a mi conciencia los grandes de la poesía de América: Walt Whitman, Rubén Darío, César Vallejo y Pablo Neruda. Me estremece el recuerdo de Paul Celan, el poeta nacido en 1920 en un pueblo rumano de habla alemana y que es ahora parte de Ucrania. Sus padres desaparecieron en un campo de concentración nazi, él mismo padeció dos años el infierno concentracionario. En 1970 se suicidó arrojándose al Sena.

Su poesía, difícil, compleja, no lloriquea dolores pequeños, momentos sin huella profunda en el ser, en el mundo. Quizá su poema más célebre es Todesfuge, traducido en varios idiomas como “Fuga de la muerte”. Ese traslado es ambiguo. Puede entenderse como huída de la muerte. Pero lo que señala es la siniestra costumbre nazi de hacer cavar hoyos para entierros en masa de sus víctimas, algunas de las cuales tenían que acompañar con música la excavación. Por eso me parece mejor la traducción “Fuga para la muerte”.

En el libro Obras maestras del relato breve, edición Océano de Barcelona, se publica un cuento de Celan precedido de estas palabras:

“Creó un nuevo lenguaje poético, contrayendo y rompiendo las palabras elaboró una estructura de gran fuerza y poco dúctil a la comprensión inmediata. Según Theodor Adorno: ‘la obra de Celan emula un lenguaje que está por debajo de la impotente charlatanería de los seres humanos, incluso por debajo de la vida orgánica como tal: el lenguaje de las cosas muertas, de las piedras y de las estrellas’.”

En el libro de Celan La rosa de nadie está escrito: “Una nada / éramos, somos, nosotros / permaneceremos, en flor: / la rosa de nada, / de nadie.”

Martine Broda, en el postfacio a la traducción de ese poemario, recuerda los versos de Rainer María Rilke: “Rosa, oh pura contradicción, goce de no ser sueño de nadie, bajo tantos párpados.”

La gran poesía es una rosa de todos.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com