Falta el gran timonel

Un suspiro de alivio ha causado en el país la renuncia de los ministros Alberto Otárola y Daniel Lozada. Sólo un suspiro, porque lo que en realidad debería ocurrir es la renuncia de Óscar Valdés, presidente del Consejo de Ministros, y de toda su cohorte.

| 11 mayo 2012 12:05 AM | Columna del Director | 2.2k Lecturas
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Valdés resulta responsable político de las torpezas, ineficacias y mentiras en que incurrieron los ministros renunciantes, acorralados por la opinión pública. El grado de descrédito de Valdés es notable y creciente. La última encuesta nacional de Datum, publicada ayer, indica que en un mes la aprobación a su labor cayó siete puntos, y la desaprobación subió ocho puntos.

Ese mismo sondeo encuentra que el 62 por ciento de los consultados considera que las Fuerzas Armadas están perdiendo la guerra contra los exsenderistas convertidos en sicarios y empresarios del negocio sucio y rentable de la droga.

Es evidente que los ministros caídos aplicaban la política trazada por Valdés, que no en vano los defendía. Valdés, exmilitar, carga por eso mismo una culpa mayor que sus exministros y ha revelado una incompetencia que está causando daño y muerte en el país.

Preocupado por imponer a brazo partido el proyecto Conga, Valdés no tiene tiempo ni cerebro para atender y entender los problemas del país. En los conflictos sociales es heredero legítimo de la línea de Jorge del Castillo, que consistía en exigir la cesación de paros como cuestión previa para dialogar. Una vez suspendida la paralización o la marcha, aplicaba el método de la mecedora: suscribía compromisos que no pensaba cumplir, y no cumplía.

El Apra y el fujimorismo se dan por satisfechos con la renuncia de Otárola y Lozada. Intentan ocultar así el tamaño de la crisis política que hay en el país, una crisis cuyas manifestaciones son el sacrificio de militares y policías, la corrupción que prosigue y crece, el auge del narcotráfico.

Las recientes denuncias de la exviceministra de Pesquería, Patricia Majluf, sobre la podredumbre que infesta ese sector, manejado por una burocracia antinacional, que permite que los grandes pesqueros estafen al Estado y ganen miles de millones de dólares sin pagar mayores impuestos.

Las documentadas, resonantes, denuncias de la bióloga Majluf han debido conducir a la destitución del ministro de la Producción, José Urquizo, congresista del Partido Nacionalista. Ni el premier Óscar Valdés, ni el Presidente Ollanta Humala parecen haberse enterado del escándalo.

Jorge Basadre explicó que nuestra derrota en la guerra del Pacífico se debió al Estado empírico y el abismo social. Quizá el gran historiador hablaría hoy del Estado corrupto, que, por serlo, agranda el abismo social.

¡Cuántos presupuestos de salud, educación y vivienda se podrían haber realizado con el dinero que las grandes empresas de minas y pesquería no pagan!


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com