Evo en su víspera

Los ciudadanos de Bolivia acuden hoy a las urnas para aprobar o desaprobar la Constitución que busca instalar en los órganos del poder nacional, regional y local a representantes de indígenas y campesinos, y de la clase obrera.

Por Diario La Primera | 25 ene 2009 |    

Los racistas de Santa Cruz y otros lugares motejan de indigenista al régimen de Evo Morales y a la Constitución que él apoya. Hay, en el fondo, un acento indigenista en la Carta que hoy se consulta; pero es un indigenismo incluyente, sin aristas contra los no indios.

No en vano las comunidades campesinas y la Central Obrera Boliviana (la COB) respaldan a Evo y la Constitución. Esa confluencia, esa alianza obrero-campesina, es garantía de solidez y avance para la democracia en Bolivia.

La Constitución que Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), respaldan, junto a otras fuerzas, no sólo establece derechos para los indígenas y los sectores populares. También proclama el papel rector del Estado en la economía, algo que eliminaron los sectores reaccionarios que gobernaron el país.

Ese papel del Estado es algo que la crisis global ha impuesto a muchos estados capitalistas. El discurso inaugural de Barack Obama ha perfilado ese rol renovado del poder público.

Economistas y sociólogos de Europa consideran que la bancarrota de las grandes potencias de Occidente las obliga a estatizaciones a gran escala, es decir, a introducir elementos cuasi socialistas en la economía. La Constitución boliviana sometida hoy a la prueba ácida del voto se adelanta en esa dirección.

El proyecto constitucional es un texto que padeció embates, polémicas y reformas. Al final, con habilidad política, Evo y sus partidarios aceptaron reforzar competencias para los gobiernos departamentales y reducir la reelección presidencial, de dos períodos consecutivos a uno solo. También aceptaron cambios respecto al control social y la justicia indígena.

En la elección de hoy se decide, además, mediante referendo dirimidor, sobre la extensión máxima de tierra que puede acumular un propietario sin estar expuesto a expropiación: 5,000 o 10.000 hectáreas.

Todo conduce a suponer que la Constitución será aprobada por una ancha mayoría, lo cual fortalecerá la voluntad nacional y social del régimen.

Eso es lo que corresponde a nuestra hora americana. A este momento histórico en que el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, el movimiento revolucionario de El Salvador, acaba de ganar unas elecciones municipales y legislativos con el 49,54 por ciento de los votos en todo el país, pese a un gigantesco fraude en que la oligarquía y el imperialismo hicieron votar a hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses.

Esos mitimaes a los que se entregó un ilícito documento de identidad son prueba de que la derecha fascista y su amo imperial le tienen miedo a la voluntad popular.


    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com