En pública subasta

Nadie nos gana. Apenas se difundió la noticia de que la niña británica Zoe Pemberton, de 10 años, ofreció en subasta a su abuela, Marion Gooall, de 61 años, surgieron émulos peruanos.

| 02 octubre 2009 12:10 AM | Columna del Director | 448 Lecturas
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La pequeña se quejaba de que doña Marion era muy quejosa (“moaning”).

Iba por buen camino la oferta, que recibió 27 propuestas, pero al final la página web en que se presentó decidió retirarla porque la ley prohíbe el comercio de personas.

La idea era muy buena. Tanto es así, que acá, en Lima, Perú, un grupo de personas que se refugia en el seudónimo de “Todos los peruanos” ofreció en subasta al Congreso de la República.

En poco tiempo se registraron 68 ofrecimientos. Hasta donde hemos podido ver, el máximo logrado fue de 900 mil soles.

¡Qué mezquindad!

¿Quién da más?

Creo que alguien debiera impedir que continúe la puja que deshonra a la más sagrada institución de nuestra democracia representativa, que Víctor Raúl Haya de la Torre definió como el primer poder del Estado y en cuyo recinto tomaron asiento prohombres como José Gálvez, Raúl Porras Barrenechea, Mario Polar, Luis Alberto Sánchez, Manuel Seoane.

No, que nadie me alegue que ahora tenemos como presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores a María Luisa Cuculiza, una dama que afirma que Chile es nuestro amigo, puesto que con ella se portaron como unos caballeros cuando visitó el Congreso chileno.

Yo protesto. Creo que en el Perú hay otras cosas buenas para ser puestas en licitación. Por ejemplo, el Palacio de Gobierno, donde se firman favores contrarios al Perú y se arman decretos legislativos que desatan descontento, enfrentamientos y muerte.

Creo que más de una empresa turística estaría dispuesta a adquirir ese atractivo edificio, con cambio de guardia y todo.

Otro edificio subastable es, creo yo, la Casa del Pueblo. No me cabe duda de que algunos científicos sociales podrían instalar allí, con jugoso provecho, un Museo de la Memoria en el cual cabría exhibir piezas arqueológicas como la edición original de El antiimperialismo y el Apra.

Se me ocurre, asimismo, que se podría subastar la casa de playa de Alan García, que el presidente dice haber vendido al ministro de Educación, José Antonio Chang. Como algunos envidiosos dicen que esa es una venta ficta, sugiero que el primer mandatario la someta a pública subasta. Muchos millonarios pagarían por esa residencia de lujo exquisito, parisiense.

Un buen martillero conseguiría millones.

La audaz niña Zoe Pemberton puso en subasta a doña Marion porque era muy molestosa, aunque adoraba buscar palabras para expresar sus ideas.

Nuestros congresistas no se parecen a esa abuelita. Ellos buscan ideas para expresar sus palabras.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com