En la prueba del aula

Se conoce al fin el texto del proyecto de Ley Magisterial presentado por el Poder Ejecutivo. Propone una mejora para la educación y los maestros. El país no debiera olvidar la crisis que padece la educación peruana desde hace décadas. Es un hecho grave, puesto que en la educación, en una buena educación, residen las posibilidades de progreso de un país.

| 09 agosto 2012 12:08 AM | Columna del Director | 2.4k Lecturas
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La quiebra educativa tiene múltiples raíces. Los bajos salarios, la mala, cuando no pésima, formación de los maestros, el desdén por la carrera, que se manifiesta en el hecho de que muchos jóvenes confiesan que en las universidades postulan a Educación porque es la carrera más fácil.

En los años del gobierno de Alan García, y en particular cuando Mercedes Cabanillas era ministra de Educación, se crearon cientos de Institutos Pedagógicos semilegales, negocio vil donde profesores de economía y conocimientos menesterosos enseñaban hasta lo que no sabían. Un análisis demostraría que los peores maestros provienen de ese sistema. Y son miles.

Un problema central, creo, es que los cursos de Educación suelen desorientar y hasta alejar de la cultura a los futuros pedagogos. Es un problema de atmósfera general. Hace algunos años, mi última hija, que, como todos mis hijos, estudiaba en un colegio estatal, oyó decir a una maestra: “Juan Ramón Rivera es autor del libro “La palabra del mundo”. No sabía ni el nombre del escritor ni el título real de su obra. ¡Y enseñaba literatura!

Ya sabemos que la lectura no está de moda. Tampoco los profesores de los colegios privados más caros escapan a la culpa.

César Hildebrandt cuenta en su libro Una piedra en el zapato el caso de una joven egresada con las más altas notas del más exclusivo colegio limeño para señoritas. Cuando, por motivos de trabajo, acudió a la casa del periodista, al ver el grueso tomo de la poesía de Vallejo editado por Francisco Moncloa, preguntó quién era ese autor. Interrogada, precisó que nunca, ni en primaria ni en secundaria, le habían hablado de ese poeta. El prejuicio no está reñido con la ignorancia.

Hojeaba hace poco un libro para secundaria en Alemania Occidental. Me sorprendió la riqueza de los poemas que abarcaba. Entre ellos, Todesfugue, esa obra maestra que cuenta, en lenguaje de poesía, la crueldad de los nazis que hacían cavar a sus prisioneros enormes huecos en la tierra, donde iban a arrojar a los asesinados en un campo de concentración.

Me entristeció, al sentir el complejo fulgor de esos versos, la pobre poesía que sale de nuestras aulas: discurso político despedazado en líneas, intimidad sin intensidad, faltas de sintaxis y ortografía.

Los países avanzados de Europa y Asia difunden en las aulas a sus clásicos. Así forjan ciudadanos.

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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com