Elección continental

Se elige hoy en Venezuela al sucesor de Hugo Chávez en la presidencia de la República. Todos los medios –prensa, radio, televisión–, casi sin excepción, han librado campaña en toda América Latina y España como si se tratara de una elección local. Todos, qué casualidad, han opinado a favor de Enrique Capriles Radonski.

| 14 abril 2013 12:04 AM | Columna del Director | 923 Lecturas
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Esa unanimidad menos uno es producto no sólo de una opción política neoliberal, esa que ha causado la crisis global y hunde cada día más a los países de Europa y a los Estados Unidos.

No es solo el dominio del pensamiento único. Adam Smith habló de la mano invisible del mercado. Hoy sabemos que existe asimismo la mano invisible del Departamento de Estado, de la CÍA, de la embajada estadounidense. Hay una orquestación, un coro cacofónico.

No es prudente vaticinar resultados; pero todo indica que Nicolás Maduro, el candidato designado por el propio comandante Chávez, va a ser el vencedor. Leslie Wehner, investigador del Instituto Alemán de Estudios Globales y Regionales de Hamburgo, ha expresado: “Las razones (para la elección de Maduro) abundan. Una de ellas es que, a un mes de su fallecimiento, Chávez y su palabra son objeto de una veneración sin precedentes en Venezuela. Y Chávez pidió a sus partidarios que votaran por Maduro si él llegaba a morir”.

Wehner opina que Maduro ha cometido errores en sus últimos discursos. Sin embargo, señala, eso no pesará en los resultados, gracias a la brevedad de la campaña electoral.

La derecha venezolana, representada por Capriles, está desesperada ante esa perspectiva. Se ha denunciado con pruebas que la reacción continental conspira para provocar violencia y crimen. Mercenarios de El Salvador, de Colombia (vestidos con uniformes de soldados venezolanos) buscan crear incidentes. Esos episodios crean, por lo pronto, temor. Hay que esperar que el sabotaje no prospere, que sea exhibido y sancionado.

En mi columna reciente sobre la muerte de Margaret Thatcher expuse una pasión que ella cultivó: el odio. El odio a los pobres, el odio a los sindicatos, el odio al socialismo. Guiada por esa pulsión, recurrió a la violencia, apadrinó al asesino y ladrón Augusto Pinochet.

Esa energía de odio y de violencia distingue también al candidato Capriles. La televisora Telesur ha mostrado en estos días a Capriles acosando violentamente la embajada de Cuba en Caracas, como parte del golpe de estado que en el 2002 quiso derrocar a Chávez, intentona desbaratada por millones de hombres y mujeres, que bajaron de los cerros para defender a su presidente.

En el Perú, basta escuchar a Jaime de Althaus en su defensa sin principios y sin límites de la minería para saber cómo la derecha rezuma odio.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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