El tren de la economía

La historia se repite, por decirlo así, dos veces. La primera como tragedia, la segunda como farsa. Esa frase de Marx puede aplicarse a las dos inauguraciones del tren eléctrico. En 1990, en la primera inauguración, Alan García aprovechó para pronunciar un discurso pleno de autoelogios, tal vez con el ánimo de ocultar el escándalo de una cuantiosa coima que había cobrado por esa construcción: un millón de dólares.

| 13 julio 2011 12:07 AM | Columna del Director | 1.4k Lecturas
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Dijo García este lunes que el tren eléctrico es una obra que va a durar un siglo. Por lo pronto, entre la primera y la segunda inauguración han transcurrido 20 años.

Entretanto, hay un tren que marcha en cámara lenta, el de la economía. El equipo económico de Gana Perú ha demostrado que ésta ha perdido impulso debido a medidas del gobierno. Un factor decisivo han sido sin duda las medidas restrictivas contra la construcción.

Las jactancias de Alan García y de su canciller José Antonio García Belaunde no pueden ocultar hechos graves. Félix Jiménez demostró, por ejemplo, que el gasto público se ha reducido en casi 70 por ciento.

Un dato impresionante fue presentado por Marisol Espinoza, coordinadora de la Comisión de Transferencia: en el último año ingresaron a las planillas del Estado 40 mil nuevos funcionarios. Como si los puestos públicos no estuvieran ya copados por miembros del Apra, que se distinguen por dos rasgos prominentes: la incapacidad y la corrupción. Ellos son una capa parasitaria, que no sólo roba, sino que desplaza a especialistas capacitados y honestos, e implican un malgasto de dineros que son sustraídos de los bolsillos de los contribuyentes.

El maestro Jorge Basadre explicó hace mucho que nuestra derrota en la guerra del Pacífico se debió al Estado empírico y el abismo social. El gobierno aprista ha implantado el Estado parasitario. Como informó el equipo de Gana Perú, el 80 por ciento de los gastos fiscales se va en pago de sueldos y salarios.

Hay que precisar que desde hace por lo menos medio siglo el Apra ha poblado de burócratas el aparato estatal. Esa es una de las raíces de su conversión en un órgano clientelista, que no capta mílites por ideales, sino por sueldos, y que, ellos sí, nunca han puesto un ladrillo por el Perú.

Ya en su anterior periodo presidencial García recurrió, sobre todo en el último año de su mandato, al reclutamiento masivo de apristas para empleos en el Estado. Un distinguido médico del Seguro Social me contó cómo, en los últimos meses de esa etapa, varios choferes del Seguro aparecieron con nombramiento de gerentes. Luego renunciaron con el sueldo correspondiente. En varias áreas del gobierno eso provocó una hemorragia dineraria.

El gobierno de Ollanta Humala debe precaverse frente a una maniobra parecida, sobre todo en el área de los cargos de confianza.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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