El sismo de cuentas turbias

La visita del Presidente Ollanta Humala a Pisco ha levantado el ánimo de los afectados por el terremoto de agosto de 2007 y ha permitido entrever, entre ruinas subsistentes y obras inconclusas, la mentira y la corrupción que el régimen aprista implantó en ese lugar.

| 16 agosto 2011 12:08 AM | Columna del Director | 1.9k Lecturas
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Un hospital inaugurado que aún no funciona, escuelas que todavía no pueden funcionar, son el saldo que el primer mandatario ha podido observar.

Ese panorama justifica que Ana Jara, legisladora de Gana Perú por Ica, haya pedido en el Congreso que se forme una Comisión Investigadora que ubique en qué se gastaron los fondos destinados a la reconstrucción de la región afectada.

Como ha recordado LA PRIMERA, el Poder Ejecutivo presidido por Alan García se limitó a informar que se habían destinado 1,200 millones de nuevos soles para la reconstrucción, sin precisar cuánto correspondía a la cooperación internacional y cuánto a la donación nacional.

García intentó, apenas producido el sismo, minimizar la tragedia. Tres horas después del cataclismo, apareció en televisión para agradecer a Dios porque “no hubo un inmenso número de vidas”: sólo diecisiete, precisó, y añadió que “felizmente no ha ocurrido una catástrofe”. En realidad, hubo 540 muertos.

Después, con desparpajo, llegó a prometer una rápida reconstrucción que entregaría un Pisco más bello. Para materializar sus promesas creó el Fondo para el Sur (Forsur), y puso al frente de éste a su amigo Julio Favre. Ya se sabe que el “dinámico empresario” no hizo nada digno de recordarse. Ollanta Humala ha dado digna sepultura a Forsur, ese cadáver burocrático.

La congresista Jara pide el levantamiento del secreto bancario de Hernán Garrido-Lecca y José Antonio Chang, exministros de García que manejaron los fondos de la reconstrucción.

No se debe descuidar el hecho de que Garrido-Lecca fue nombrado ministro de Salud, cargo para el que no tenía ninguna competencia, y que en la investigación sobre los petroaudios se desveló el misterio de ese nombramiento. El aventurero dominicano Fortunato Canaán había prometido financiar la candidatura presidencial de Jorge del Castillo, pero exigía, como pago, que se le concediera la construcción de hospitales.

Se sabe que Canaán había dado pasos para ese enjuague, con la complicidad de Fernando Barrios, entonces presidente de EsSalud. En los archivos del seguro social deben de quedar huellas.

Uno de los episodios más vergonzosos de la ficticia reconstrucción ocurrió cuando la Contraloría General de la República descubrió compras sobrevaloradas de alimentos para las víctimas del sismo. Habían gastado 19 millones de nuevos soles en raciones raquíticas.

Julio Espinoza Jiménez, presidente del Seguro Integral de Salud, que cometió el delito, fue a parar a la cárcel; pero Alan García lo indultó por razones “humanitarias”.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com

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