El partido de los corruptos

Así como guitarra llama cajón, un audio llama otro audio. Me refiero a las grabaciones sobre el caso Business Track que resultan convocando otros testimonios. Todos estos documentos demuestran que en el gobierno de Alan García existió una red, una verdadera mafia, de corrupción encabezada por el propio García.

| 29 agosto 2011 12:08 AM | Columna del Director | 3.1k Lecturas
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Las denuncias de nuestro diario, que han trascendido a otros medios, arrancan con la comprobación de Alberto Químper de que Alan García se volvió rico sobre todo en su recién concluido segundo período.

Clave en la denuncia de Químper es que García reaccionó contra aquél y contra Rómulo León con el fin de encubrir a sus más cercanos colaboradores: Jorge del Castillo, entonces presidente del Consejo de Ministros; Luis Nava, secretario de la presidencia; Mirtha Cunza, su secretaria personal; Hernán Garrido Lecca, a quien había nombrado ministro de Salud (de eso Garrido Lecca no sabía de la misa la media; pero García lo necesitaba para manejar el negociado de construcción de cárceles y hospitales que proyectaba en complicidad con el dominicano Fortunato Canaán).

Químper explica que García llamó ratas a él y Rómulo León, no solo porque quería llevarse la parte de León, sino por el hecho de que sus allegados íntimos habían sido visitantes asiduos de Canaán en el Country Club. Esto ponía en evidencia a García.

Ernesto More, ese gran periodista y gran amigo de César Vallejo, contaba que en París el poeta solía repetir en voz alta esta frase: “¡La plata, mi viejo! ¡La plata! ¡Cabrones! ¡Lo que pueden las pasiones, los hombres!”.

Químper, en fabla nada poética, recuerda que a García se debe el haber firmado el convenio para exportar gas del lote 88. “Se requerían tres firmas”, declaró Químper a LA PRIMERA. “Se requerían tres firmas y solo había dos: la de Perupetro y la de Camisea. Faltaba la del Estado. García puso la firma del Estado”.

Sostiene Químper que en su primer período presidencial, García apañó algo de dinero, pero en esa época la plata no abundaba “Ahora sí”, expresa, “con Camisea y otros, y a Petrotech pudo sacarle algo, por no denunciarlos. García no perdona nada. Si se trata de agarrar plata, la agarra”.

Puesto que la plata “viene sola”.

¡La plata, mi viejo, la plata!

García no es único aficionado al vil metal. Parece que ése es un cáncer moral que afecta al Apra. En Camisea, en Collique, en los puertos, en la construcción de obras físicas: por todas partes aparece la garra de la coima. Del Castillo quería el apoyo dinerario de Canaán para su utopía presidencial.

Esto se acompaña, como lo subraya también Químper, con una impúdica hegemonía en el Poder Judicial.

Las denuncias recientes contra García y su entorno merecen una investigación severa del Congreso y una exhibición aleccionadora en los medios de comunicación.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com