El pago que se viene

Hace más de un siglo, en 1906, Manuel González Prada publicó en el periódico Los Parias un editorial que decía: “¿Para qué sirven los Congresos? En lugar de discutir sobre la disminución o el aumento de las dietas, los representantes deberían poner en tela de juicio la necesidad y conveniencia de suprimirse a sí mismos”.

| 08 enero 2013 12:01 AM | Columna del Director | 780 Lecturas
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En ese texto, incluido ahora en el libro Horas de lucha (ensayo “Nuestros legisladores”), contaba González Prada:

“El actual Ministro de Hacienda declaró ante las Cámaras Legislativas que ‘muchas obras públicas de urgente necesidad se aplazaban indefinidamente, porque el dinero asignado para ellas se invertía en pagar Congresos ordinarios y extraordinarios’. El zurriagazo no levantó la más leve roncha en la epidermis de los honorables: fue ovillo de lana, arrojado contra el pellejo de un hipopótamo. El merecido agravio, lejos de amenguarles el apetito, les enardeció el hambre, así que alevosamente, en sesión secreta, se adjudicaron la renta anual de tres mil seiscientos soles. Después, echándola de sensibles a la indignación general, quisieron volver sobre sus pasos y hasta darse el lujo de renunciar a las dietas: pura broma (no la llamaremos bellaquería). Pues mientras en el Congreso lanzaban discursos henchidos de un desinterés sanfranciscano, fuera del Parlamento y en amena compañía celebraban con estrepitosas francachelas el advenimiento de los tres mil seiscientos al año”.

Todo parecido con la actualidad es pura coincidencia.

Las palabras del maestro, ya convertido en anarquista, cobran relieve en estos días en que crece la ira ciudadana contra el descarado aumento de sueldos de los congresistas, y en momentos en que alguien asevera que ni el Congreso ni los partidos políticos son necesarios para que funcione la democracia.

Sin arribar a conclusiones tan radicales como las de Don Manuel, digamos que el Poder Legislativo actual se parece, como una gota de barro a otra, al Congreso de 1906 –con una diferencia: pese a los denuestos del gran anarquista, había entonces minorías selectas que defendían, con brillo, a los obreros y los campesinos–.

El abuso de la mayoría de congresistas de hoy puede hallar su merecido en la protesta que organizaciones sindicales y profesionales, incluidos los policías, alistan para los próximos días. Arequipa ya tocó diana. Cusco también. El rechazo público da en la cara de los poco representativos representantes. El oleaje anuncia tempestad.

Todavía pueden los congresistas volver sobre sus pasos. Si no lo hacen, su terquedad sonará a desafío, es decir, a reto para un combate. No parece que un Congreso desgastado por la incapacidad y azotado por el descrédito esté en condiciones de alcanzar la victoria. No es fácil prever lo que en ese caso puede ocurrir en el escenario político y social.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com