El origen de la tragedia

El recuerdo de los periodistas asesinados en Uchuraccay el 26 de enero de 1983 exige recapitular algunas reflexiones que expuse el viernes último en la Municipalidad de Lima. Insistí en cuestiones centrales: el hecho se situó en el contexto de la violencia iniciada poco antes por Sendero Luminoso. En Uchuraccay y en otras comunidades de las alturas de Huanta, sobre todo en Huaychao, había empezado a correr sangre de senderistas y comuneros, enfrentados.

| 27 enero 2013 12:01 AM | Columna del Director | 927 Lecturas
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El general Clemente Noel, quien, por decisión del presidente Fernando Belaunde, acababa de ser nombrado jefe del Comando Político-Militar de Ayacucho, creía que había que sofocar a sangre y fuego la rebelión armada, por lo cual empezó a movilizar campesinos.

Fue una actitud que atizó la guerra en lugar de detenerla o amainarla.

En la Municipalidad de Lima dije que Uchuraccay fue convertida en preludio y epicentro de la tragedia que estremeció al país durante 12 años. En Uchuraccay se encendió la hoguera del odio. Nació allí el río de sangre.

Faltó visión política de los gobernantes para entender que extender la guerra no conducía a la paz. Sendero no comprendió lo que le iba a costar el choque con los campesinos.

No se habían cumplido dos meses del drama de Uchuraccay cuando, el 22 de marzo de 1983, una ronda campesina asesinó a Olegario Curitomay, comandante senderista, en Lucanamarca, pequeña aldea huantina. Curitomay fue apedreado, acuchillado y quemado en la Plaza de Armas del pueblo.

El 3 de abril, 60 senderistas arrasaron pueblos del área y en Lucanamarca mataron a 69 personas, entre ellas 18 niños, incluyendo un pequeño de seis meses. En la llamada entrevista del siglo Abimael Guzmán reconoció que esa masacre había sido ordenada por la dirección senderista, es decir, por él.

Otra reflexión al pie de las tumbas es que hay muchos secretos y enigmas en el caso. Hay una ola de muertes misteriosas, no esclarecidas. Existe, sin embargo, una certidumbre. La directriz que autorizó matar a todo forastero que llegara por tierra a Uchuraccay está probada. Fue una incitación al crimen, que dio licencia y confianza a los comuneros que participaron en la matanza de periodistas.

En el Informe sobre Uchuraccay de la Comisión investigadora integrada por Mario Vargas Llosa se llega a la “convicción absoluta” de que en la decisión colectiva, de los iquichanos en general y de los uchuraccaínos en particular, de matar a los terroristas que se acercaran a sus territorios, jugó un papel importante, y acaso decisivo, la seguridad de los comuneros de que tenían autorización para actuar así por parte de la autoridad representada por los ‘sinchis’.

Una interrogante: ¿era senderista o cercano al senderismo el guía Juan Argumedo? Si lo era, su presencia pudo exacerbar a los comuneros.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com