El General de la Alegría número 2

El general Octavio Salazar, director general de la Policía Nacional, es un regalo de Año Nuevo. Alan García lo hizo nombrar el 31 de diciembre. A partir de entonces, parece decidido a conquistar el título de General de la Alegría número dos (el número uno fue Manuel Odría).

| 08 abril 2008 12:04 AM | Columna del Director | 1.1k Lecturas
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El domingo último, en un programa de televisión, cuando le preguntaron si tenía pruebas sobre planes terroristas contra las citas en la cumbre a realizarse en Lima, respondió: En una página web hemos encontrado la información de que preparan un paro.

Se abrió la montaña y apareció un ratón. El parto de los montes.

No se necesitan pesquisas y sabuesos para arribar a ese conocimiento. Además, las fuerzas que el general supone comprometidas en un futuro paro no tienen presencia alguna en el sindicalismo peruano.

Todo indica que Salazar ha recibido la orden de levantar un cuco terrorista con varios objetivos: 1) Desacreditar la protesta social creciente provocada por la carestía de la vida, los despidos de sindicalistas y el copamiento de puestos públicos por compañeros apristas, incapaces y deshonestos. 2) Vincular al régimen del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, con las organizaciones populares y sindicales peruanas. Para este efecto, se busca presentar al MRTA como una organización vigente y peligrosa, siendo ­así que ese grupo no da señas de vida desde hace años. 3) Desprestigiar a los organizadores de la Cumbre Social.

Uno de los servicios distinguidos del general Salazar es la “investigación” que ha llevado a la cárcel a personas demostradamente inocentes de contaminación terrorista, entre ellas la ­poeta de 20 años Melissa Patiño.

En lugar de buscar pistas “secretas” en la Internet, el general Salazar debería dedicarse a indagar sobre ciertos terroristas que actúan bajo la protección del poder. Debería, por ejemplo, investigar los preparativos de provocación de la red de Agustín Mantilla.

La Policía tiene que ajustar la puntería también en otra dirección: el sector armado de Sendero Luminoso, que actúa en puntos específicos de la Amazonía y que es contrario a Abimael Guzmán y al llamado ­Acuerdo de Paz.

El General de la Alegría no se ha enterado. No tiene por qué saberlo. El presidente García lo puso allí porque tenía fama de duro: fue el que en mayo del 2007 dirigió el operativo en el que cuatro mil heroicos policías desalojaron a 500 comerciantes de Santa Anita.

Pero una cosa es maltratar a verduleras y arroceros, y otra, enfrentar el santuario senderista de Vizcatán, que tiene más de veinte años de existencia. Y que, por supuesto, no aparece en ninguna página web.

Octavio Salazar dice que en su juventud aspiraba a ser cantor. Hubiera podido formar un dúo magnífico con Alan García. Le hubiera hecho el bajo. Ha demostrado condiciones.


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César Lévano

Razón Social

cesar.levano@diariolaprimeraperu.com