El Anticristo es él

Alan García asevera que quienes lo critican son unos anticristos. De acuerdo a eso, él sería Cristo. No puede haber ofensa mayor para el Mesías que predicó la justicia y el respeto a la vida.

Por Diario La Primera | 08 jul 2011 |    

García ha demostrado que es un defensor de privilegios que acentúan la desigualdad y ofenden la dignidad humana, y que padece un irrefrenable amor por el dinero, contrario a la palabra y el ejemplo de quien encarnó y recomendó la austeridad. De Él pudo decir el poeta Rainer María Rilke: “¿Dónde está aquel que, dejando los bienes y el tiempo, se ha fortalecido y elevado hasta la gran pobreza?”.

Comentarios bíblicos señalan que cualquiera puede ser un anticristo, siempre que su actitud (pese a ser cristiano confeso) vaya en contra de Cristo.

Juan Gonzalo Rose, poeta auténtico, me dijo una vez que él no era cristiano, sino crístico, es decir, ajeno al aparato y las apariencias, al boato y la institucionalidad clerical, pero fiel a las enseñanzas de aquel a quien consideraba el Maestro, el divino Maestro. Rose soñaba con una sagrada comunión entre socialismo y cristianismo.

(Una errata desalmada cambió, en una revista, la palabra crístico, por crítico, con lo cual la frase de Rose perdía virginidad y fuerza).

García fustiga con el término anticristos a quienes le reprochan su afán de inaugurar obras inconclusas, o destinadas principalmente a la figuración, o a la ruina rápida o a eso que se llama ganar indulgencias con avemarías ajenas.

El aprovechado contubernio de García con las grandes empresas, sobre todo transnacionales y en particular chilenas, nada tiene que ver con el Cristo que arrojó a los mercaderes del templo.

El inquilino precario de Palacio siente sin duda que tiene deudas morales por faltar a las enseñanzas de Cristo. Quizás teme el juicio no sólo de la historia, y por eso quiere revestirse con la túnica (talla extragrande) del Nazareno.

Ese puede ser el origen de su empeño en erigir la gigantesca escultura en el Morro Solar, que ha costado a la constructora brasileña Odebrecht una pizca de sus taimadas ganancias y al propio García un recorte de 100 mil soles en sus ahorritos. Jesucristo nunca acumuló tamaña riqueza.

García ha fijado fecha para la aparición de los anticristos: al final de los mandatos presidenciales. Ahí podría tener razón. En efecto, al final de su anterior mandato, cuyo ápice fue la matanza de El Frontón, se le ocurrió instalar, también en el Morro Solar, una cruz compuesta con fragmentos de torres de alta tensión derribadas por Sendero Luminoso. Ahora se ha encaprichado con el Cristo gigante.

¿No será que al fin de sus periodos presidenciales lo oprime con más fuerza el peso de sus culpas y cree que disminuyendo en algo el peso de su billetera puede redimir sus pecados, sus crímenes?

    César Lévano

    César Lévano

    Razón Social

    cesar.levano@diariolaprimeraperu.com